Khar Asbeel
Poeta fiel al portal
¿Hay algo nuevo que decir?
¿Hay algo nuevo que mirar?
¿Otro aire que respirar?
¿Otra tierra que horadar?
¿Qué nos queda?
nos inclinamos sobre las ruinas,
llenamos las manos de cenizas,
arrancamos las raíces secas,
buscamos la sombra del árbol talado,
le rezamos a las rocas,
abandónanos los labios a la sequía
servimos polvo muerto
en el vaso de la orfandad.
¿Qué nos queda?
¿Olvidar nuestros nombres?
¿Elegir hacia adonde mirara nuestra lapida?
¿Escoger granito o mármol?
¿Tallar nuestro epitafio?
¿Sembrar tumbas
para llenarlas con nuestros huesos?
Es muy cansado
seguir arrastrando nuestra sombra.
Es muy pesado
el fardo de nuestra alma.
Es muy angustiante
sentir el viejo dolor latiendo.
Nos levantamos,
caemos,
a los pies de la derrota,
inclinamos la frente en donde el orgullo fracaso
y lo dejamos atrás,
colgando de su vergüenza como Judas.
Buscamos la estaca que nos empale,
nos perfore la herradumbre,
para derramar ahí, sobre el hermano polvo,
la savia de nuestra enfermedad.
Mutilados, desmembrados,
cargamos con nuestros restos,
buscando la hoguera donde inmolaremos
la jauría de nuestros miedos.
¡Que ardan los pecados,
que ardan las cadenas,
los errores,
las mascaras,
todo lo que sobra en nosotros!
Al final, sobre las cenizas
abriremos unos nuevos labios
y, haciendo vibrar las cuerdas
de una nueva conciencia
entonaremos, limpio ya,
nuestro antiguo canto enfermo.
¿Hay algo nuevo que mirar?
¿Otro aire que respirar?
¿Otra tierra que horadar?
¿Qué nos queda?
nos inclinamos sobre las ruinas,
llenamos las manos de cenizas,
arrancamos las raíces secas,
buscamos la sombra del árbol talado,
le rezamos a las rocas,
abandónanos los labios a la sequía
servimos polvo muerto
en el vaso de la orfandad.
¿Qué nos queda?
¿Olvidar nuestros nombres?
¿Elegir hacia adonde mirara nuestra lapida?
¿Escoger granito o mármol?
¿Tallar nuestro epitafio?
¿Sembrar tumbas
para llenarlas con nuestros huesos?
Es muy cansado
seguir arrastrando nuestra sombra.
Es muy pesado
el fardo de nuestra alma.
Es muy angustiante
sentir el viejo dolor latiendo.
Nos levantamos,
caemos,
a los pies de la derrota,
inclinamos la frente en donde el orgullo fracaso
y lo dejamos atrás,
colgando de su vergüenza como Judas.
Buscamos la estaca que nos empale,
nos perfore la herradumbre,
para derramar ahí, sobre el hermano polvo,
la savia de nuestra enfermedad.
Mutilados, desmembrados,
cargamos con nuestros restos,
buscando la hoguera donde inmolaremos
la jauría de nuestros miedos.
¡Que ardan los pecados,
que ardan las cadenas,
los errores,
las mascaras,
todo lo que sobra en nosotros!
Al final, sobre las cenizas
abriremos unos nuevos labios
y, haciendo vibrar las cuerdas
de una nueva conciencia
entonaremos, limpio ya,
nuestro antiguo canto enfermo.