Canto I (A Verónica)

Ricardo López Castro

*Deuteronómico*
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En tu alegre melodía
suena un surco -feroz melancolía-
sabes perfectamente que la vida resulta
-esta es en sí una frase que me ausculta,
en cada latido de tu voz-
no adivinamos nada, somos intempestivos
foragidos del tiempo, seres vivos. Atroz
es tu mirada cuando la mía buscas
daño colateral, duda en la que te ofuscas
como un topo voraz cuya ceguera es luz
para armar los caminos, como Cristo en la cruz
con sus cuatro sentidos abarcas las distancias
y en tu sangre invisible a mis caricias
acercamos delicias
y sublimes jactancias.
Nos bajan de la nube, pero tenemos alas,
esa luna en que estuve acribillada a balas
se refleja en el río como una nuez moscada,
se aleja de ese brío de tu tez colorada.
Un romance no sirve sin espacio ni aliento,
por alguna razón nos ha juntado el viento,
y el infinito suena como un cuarto sin cuentos,
un bebé que se acuna y se amamanta a solas,
es el amor que siento, que apacigua tu vientre,
que bendice castillos que poblaban el aire,
hasta unir nuestras fuerzas no supimos lo débiles que éramos.
 
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En tu alegre melodía
suena un surco -feroz melancolía-

sabes perfectamente que la vida resulta
-esta es en sí una frase que me ausculta,

en cada latido de tu voz-
no adivinamos nada, somos intempestivos
foragidos del tiempo, seres vivos. Atroz
es tu mirada cuando la mía buscas
daño colateral, duda en la que te ofuscas
como un topo voraz cuya ceguera es luz
para armar los caminos, como Cristo en la cruz
con sus cuatro sentidos abarcas las distancias
y en tu sangre invisible a mis caricias
acercamos delicias
y sublimes jactancias.
Nos bajan de la nube, pero tenemos alas,
esa luna en que estuve acribillada a balas
se refleja en el río como una nuez moscada,
se aleja de ese brío de tu tez colorada.
Un romance no sirve sin espacio ni aliento,
por alguna razón nos ha juntado el viento,
y el infinito suena como un cuarto sin cuentos,
un bebé que se acuna y se amamanta a solas,
es el amor que siento, que apacigua tu vientre,
que bendice castillos que poblaban el aire,
hasta unir nuestras fuerzas no supimos lo débiles que éramos.
Un poema reflexivo y lleno de amor, grato leerle
 
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En tu alegre melodía
suena un surco -feroz melancolía-

sabes perfectamente que la vida resulta
-esta es en sí una frase que me ausculta,

en cada latido de tu voz-
no adivinamos nada, somos intempestivos
foragidos del tiempo, seres vivos. Atroz
es tu mirada cuando la mía buscas
daño colateral, duda en la que te ofuscas
como un topo voraz cuya ceguera es luz
para armar los caminos, como Cristo en la cruz
con sus cuatro sentidos abarcas las distancias
y en tu sangre invisible a mis caricias
acercamos delicias
y sublimes jactancias.
Nos bajan de la nube, pero tenemos alas,
esa luna en que estuve acribillada a balas
se refleja en el río como una nuez moscada,
se aleja de ese brío de tu tez colorada.
Un romance no sirve sin espacio ni aliento,
por alguna razón nos ha juntado el viento,
y el infinito suena como un cuarto sin cuentos,
un bebé que se acuna y se amamanta a solas,
es el amor que siento, que apacigua tu vientre,
que bendice castillos que poblaban el aire,
hasta unir nuestras fuerzas no supimos lo débiles que éramos.
Hermoso tu canto de amor a la musa. Grato leerte, un abrazo
 

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