CANTO TRIUNFAL Y DE MUERTE
Ilust.: Michal Mozolewski. Del Blog "Uno de los nuestros".
Vivir la pesadilla al son de trompetas triunfales.
La sangre se fractura y nacen de ella las avecitas canoras.
Desde fuera la pesadilla es cálida y ligera,
como pluma de ave fénix.
Desde dentro es grosera admonición
para volver a los límites.
Salta mi corazón como un pequeño pez entre rejas
y mis escamas relumbran
como las sonoras trompetas triunfales.
Ya han tendido los laureles y las escarapelas sangrantes
por cima de las redes telefónicas
que cruzan las avenidas incendiadas.
Ya han reutilizado las siniestras calaveras
que son ahora los globos luminosos
de las farolas.
Los pavimentos se cubren con los dorados cabellos
de las vestales desnudas.
Y pasarán los condottieri en sus caballos de bronce,
y resonarán de nuevo,
como en la pesadilla ligera,
las trompetas triunfales que anuncien sus primaveras.
Pasarán los condottieri blandiendo extrañas enseñas
y las espadas fundidas con los arados inútiles.
El reflejo de los soles nuevos oscurece el cielo de siempre
y el mar, oh, el mar, pierde su brillo de plata.
Tan sólo los cardúmenes de sardinas mediterráneas
le devolverán su lustre, como en los tiempos
de los antiguos griegos.
Y volverán los vinos negros -la sangre derramada se coagula
y pierde pronto su coloración carmesí-
y por la noche,
las más hermosas sonreirán
a los más insolentes de los vencedores.(1)
Queda otra vez la ciudad con su desierto circundante
asediada por crisantemos y crespones negros.
(1). Cita de "Años triunfales", de Jaime Gil de Biedma.
Ilust.: Michal Mozolewski. Del Blog "Uno de los nuestros".
Vivir la pesadilla al son de trompetas triunfales.
La sangre se fractura y nacen de ella las avecitas canoras.
Desde fuera la pesadilla es cálida y ligera,
como pluma de ave fénix.
Desde dentro es grosera admonición
para volver a los límites.
Salta mi corazón como un pequeño pez entre rejas
y mis escamas relumbran
como las sonoras trompetas triunfales.
Ya han tendido los laureles y las escarapelas sangrantes
por cima de las redes telefónicas
que cruzan las avenidas incendiadas.
Ya han reutilizado las siniestras calaveras
que son ahora los globos luminosos
de las farolas.
Los pavimentos se cubren con los dorados cabellos
de las vestales desnudas.
Y pasarán los condottieri en sus caballos de bronce,
y resonarán de nuevo,
como en la pesadilla ligera,
las trompetas triunfales que anuncien sus primaveras.
Pasarán los condottieri blandiendo extrañas enseñas
y las espadas fundidas con los arados inútiles.
El reflejo de los soles nuevos oscurece el cielo de siempre
y el mar, oh, el mar, pierde su brillo de plata.
Tan sólo los cardúmenes de sardinas mediterráneas
le devolverán su lustre, como en los tiempos
de los antiguos griegos.
Y volverán los vinos negros -la sangre derramada se coagula
y pierde pronto su coloración carmesí-
y por la noche,
las más hermosas sonreirán
a los más insolentes de los vencedores.(1)
Queda otra vez la ciudad con su desierto circundante
asediada por crisantemos y crespones negros.
(1). Cita de "Años triunfales", de Jaime Gil de Biedma.
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