Khar Asbeel
Poeta fiel al portal
En un cuenco ennegrecido de rencores
deposito el último mendrugo
de lo que fue mi corazón.
No lo necesito.
¿Para qué?
No me sirvió más que
para albergar angustias,
fermentar odios,
acunar tristezas,
engendrar la Muerte.
Ahí dejo mi corazón,
ya no lo necesito.
¿Para qué?
En la tumba
nadie escucha su latido.