Khar Asbeel
Poeta fiel al portal
El aire se duerme
bajo mis manos quietas
humedecidas
en un silencio maternal.
(No hay más que el redoble de mi sangre
en este instante sacramental)
El sol cae vertical
sobre un horizonte líquido,
embriagado de tonos rojos,
arropándome en tintas mortuorias
con que las que transcribo mi angustia enfebrecida.
(Porque no hay más herencia
que la de la tumba abierta)
¿Dónde estará la luz
que me prometió el primer día?
No queda más que la tibieza
de este aire dormido
que bebo poco a poco
para llenarme de su paz
y olvidar mi nombre
mis polvos y mis labios.
(¿Que silencio es más pesado
que el que se edifica entre dos voces?)
La noche de despliega, temblorosa,
sobre almas y pecados
y yo me entrego a su rigor
con la ciega nostalgia
de la cuna perdida y recobrada.