Manuel Bast
Poeta que considera el portal su segunda casa
Diario
los días de Cuba
2004
los días de Cuba
2004
Canto a la luna que llena,
al sol que no resplandece,
al cuerpo que se estremece
y al pecado que condena.
Canto a la bella que duerme,
al que tiene su alma en paz,
al rostro sin antifaz,
al que ríe y quiere verme.
Canto al crimen que envilece,
al juez que implanta la pena,
al hombre del alma buena
y al enfermo que fenece.
Canto al dolor de la muerte,
al vientre que veo crecer,
al niño que ha de nacer
y al que abandona la suerte.
Canto al hijo que me espera,
al ciego que cruza el puente,
al impávido indecente,
al dolor y a la quimera.
Canto a la madre divina,
al guerrero gladiador,
a la fuerza del amor
y a la plaga que extermina.
Canto a cuerpos encendidos,
a la sangre que los llena,
a las flores de cayena,
y a los jardines prohibidos.
Canto al temor del recuerdo,
al barco que cruza el mar,
a la isla que he de olvidar
y al amor que en ella pierdo.
al sol que no resplandece,
al cuerpo que se estremece
y al pecado que condena.
Canto a la bella que duerme,
al que tiene su alma en paz,
al rostro sin antifaz,
al que ríe y quiere verme.
Canto al crimen que envilece,
al juez que implanta la pena,
al hombre del alma buena
y al enfermo que fenece.
Canto al dolor de la muerte,
al vientre que veo crecer,
al niño que ha de nacer
y al que abandona la suerte.
Canto al hijo que me espera,
al ciego que cruza el puente,
al impávido indecente,
al dolor y a la quimera.
Canto a la madre divina,
al guerrero gladiador,
a la fuerza del amor
y a la plaga que extermina.
Canto a cuerpos encendidos,
a la sangre que los llena,
a las flores de cayena,
y a los jardines prohibidos.
Canto al temor del recuerdo,
al barco que cruza el mar,
a la isla que he de olvidar
y al amor que en ella pierdo.
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