sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
CAPITULO 6: COLPEDARRA EL PERRO DE LOS DIFUNTOS SUICIDADOS.
Las caminatas se hacían como de hielo al hundirse las flores y las abejas, cada vez que intentaban liberarse de la crueldad de la naturaleza. Los suelos estaban derretidos por las quemaduras del hielo, y los habitantes de las ciudades, se hacían de piedra, para no caer victimas de los acantilados de tornados, que estampaban su firma, y apuntaban mirando a los momentos que dejaban a los edificios en ruinas, y así era como caían los grandes momentos que querían atravesar a las flechas, las cuales eran cruces, donde los perros morían crucificados enseñando sus tripas, sus pulmones, y su corazón, y los ojos estaban quemados con fuego, en donde el dolor era el cemento que arrasaba su piel, y la detenía para golpear y matar a la víctima. Omicaldus era el que daba las normas de su espacio, dejando que todo fuera destruido y sacrificado, para derramar su olor, y congelar las cenizas que salían de los huracanes que derribaban energías, que iban renovándose hasta capturar e invitar al mundo en ruinas.
Omicaldus: Ya se, que todo esto será mío, que las penumbras y las oscuridades serán el paso hacia la muerte, para que yo reine, y glorifique a Satán.
Pero de pronto, Periódimen apareció y golpeo a un Anyelisco que estaba vigilando los lugares de Omicaldus. El Anyelisco iba declarar, pero justo antes de hacerlo apareció Omicaldus, y saco una violín con balas, y empezó a tocarlo a la vez que disparaba con ese instrumento, y empezó a venir el ejercito, con la espadas en alto. Por delante del ejército estaba Guionmankius, con las calaveras polares, y estas tenían cabezas de personas en sus manos. Omicaldus les lanzo el siguiente mensaje:
Omicaldus: Matar a Periódimen, ahora o nunca.
Periódimen al ver esto empezó a luchar y saco una espada y grito:
Periódimen: Ahora vas a morir tú, porque te destrozare, ya que tu cara quedara ensangrentada y te haré respirar aire de tinta, serás una calavera, y después te enterrare cortándote los huesos, para después ponerte cruces de Cristo, y así se quemara tu alma.
Omicaldus: Llamare a mis criaturas, empezando por los Gertyus Mandremians, unos apocalípticos que te harán caer a las rosas de espinas del diablo, para después abrir tus ojos e inyectarte una dosis de drogas del infierno.
Las explosiones se sucedían, hasta que las calaveras polares sacaron sus espadas y adiestraron a los Gertyus Mandremians, y estos escupieron rosas con espinas, a la vez que los gusanos de la naturaleza quedaron hechos cenizas y se iban consumiendo por la mucosa de la tierra.
Habían Conejos canguro, que saltaban y se hacían más grandes, hasta explotar en bombas, cayendo charcos de sangre y dejando sus manos heridas, ya que estos conejos tenían manos, y aullaban como lobos. Estos conejos se llamaban Conetboides, y sabían explotar, pues ellos ya estaban adiestrados para morir.
Ganamonter, era una exortizador de lobos con cuernos, y fue cuando apareció para salvajear los horizontes, y cubrir con su capa las heridas de la humanidad.
Mientras tanto, en las iglesias estaban quemando los cuadros santos, pero de pronto apareció un perro mandado por Dios, y ese perro se llamaba Colpedarra, y venia con campanas con clavos, para hincársela a los malvados. De pronto la secta empezó a quemar a una estatua de Cristo, pero justo cuando lo estaban haciendo Colpedarra se abalanzó sobre el que la estaba quemando, y los desgarro entero, hasta consumir su cuerpo, a la vez que después de haberlo matado, le dejo una cruz de Cristo, y su cuerpo empezó a descomponerse, por el efecto del calor santo.
Colpedarra empezó a ladrar, y un cura salio con una metralleta y empezó a disparar contra los vándalos, y dijo:
Cura: En nombre de nuestro señor Jesucristo, marchad de la casa de Dios, y uno de ellos, mataron al cura con un bazoca, pero el perro no pudo salvar al cura, entonces de pronto escaparon los vándalos del Anticristo, que pertenecían a Omicaldus.
Periódimen seguía luchando contra los enemigos que tenía, y uno de ellos cicatrizo a la tierra y puso más fuego, adivinen quien, pues Guionmankius, pues era el brujo del fuego.
Los mundos se separaron y apareció un duende ninfomano, y le tiro a los Anyeliscos condones ardiendo y estos se cayeron con los ojos quemados, y sangrando.
Las arañas metálicas, que se comían ellas mismas, para después reproducirse, y quedar sus patas en los aires, para caerse y formar un cementerio fúnebre de arañas, que se comían a las paredes, y recortaban las lapidas, para sacar a muertos y revivirlos con inyecciones, que eran hechas por ellas.
De pronto apareció Colpedarra que iba detrás de la Secta Anticristo, para así llevar su odio y machacarlos, justo cuando las personas se habían suicidado, pudieran ver mensajes en sus almas mediante una computadora, para levantar sus ojos y clavarlos en los corazones de sus cuerpos huérfanos, pues la lucha seguiría estando en pie de guerra.