c.eldrick driven-zavala
Poeta recién llegado
Capitulo dos. Réquiem
Nuevamente Xavier está sentado en su sofá de piel; una libreta sobre sus piernas, una taza a su lado izquierdo, un lapicero sostenido entre sus perfectos dientes blancos, una guitarra española en el rincón y una luz tenue son sus únicos acompañantes.
Sin más, abordado por la ocasional inspiración que hoy estaba decidida a visitarlo, tomó entre sus dedos el caño de tinta y comenzó a escribir:
“La vida es un privilegio del que pocos pueden disfrutar, es menester exclusivo de aquellos que son despertados con el calido beso de los nacientes rayos solares al alba, de los que disfrutan el aroma y la dulzura de la fruta fresca en el desayuno y pueden sentir las caricias aterciopeladas de los pétalos de las flores resbalando por sus dedos mientras caminan por un jardín; de aquellos que por las noches se asoman por el balcón y pueden ver a las lejanas estrellas jugando a ser destellos del inmenso cielo oscuro.
Vivir es un gran regalo para los que tienen poco o mucho, pero jamás para los que ya no tenemos nada, excepto vida. Para nosotros tenerla es lo mismo a ser dueño de una maldición.”
Terminado eso, arrojó la libreta y de un trago consumió su bebida. Esta vez no poseía el mismo sabor que antes, ahora era una rara mezcla de acidez y vetusto que se aglutinaba en su lengua y paladar para después seguir resbalando por toda su garganta.
-Debí de ponerle cianuro, habría sido más rápido- dijo para sí mientras sentía su cuerpo desplomarse lentamente, sus parpados contagiados por un anormal cansancio comenzaron a cerrarse y apenas tuvo fuerza suficiente para reclinarse de lado. Aunque no sintió gozo en todo eso, tampoco hubo dolor; fue un momento de enorme calma y paz.
-¿Por qué lo haces?- escuchó el suicida a una masculina voz lejana que lo cuestionaba y abrió los ojos. No podía ver nada, todo era penumbra en ese sitio.
Dudando de su propia conciencia respondió:-¿Quién eres y en dónde estamos? ¿Acaso esto es el infierno?-
Inmediatamente esa desconocida y ahora más cercana frecuencia le replicó:
-Generalmente cuando alguien cuestiona no espera recibir una pregunta a modo de respuesta, pero esta ocasión pasaré eso por alto. Mi nombre es Tristán de Béroul y en cuanto a este lugar es el infierno, el cielo, la tierra, tu hogar o lo que quieras creer; en todo caso, eso es lo que menos importa.-
El fallido inmolado se sintió completamente confundido. Tal vez toda la insulina que se bebió únicamente lo estaba haciendo alucinar. -Ahora bien, dime: ¿Por qué tratas de terminar con tu existencia?- arremetió nuevamente el desconocido.
- Estar vivo o muerto me da igual, en todo caso, eso es lo que menos importa. El sufrimiento es algo para lo que no estaba preparado- impugnó en un tono sarcástico.
-Vaya que eres cobarde, hace poco conocí a una maravillosa niña que habría dado todo por tener aquello que estás rechazando. Ella murió en una avalancha de desconsuelo y tú ¿Realmente sufres tanto? ¿Por desamor? ¿Por soledad? ¿Por pobreza? Esas cosas son bastante superficiales. Yo mismo desearía tener vida una vez más para resolver los asuntos que dejé pendientes antes de convertirme en lo que ahora soy.- refutó Tristán.
Esas palabras causaron revuelo en Xavier, a lo mejor ese hombre misterioso tenia razón y él era un cobarde; tanto que para su muerte había desistido de un método más doloroso. Comenzó a cuestionar las razones de su decisión y vociferó:
- Tienes razón, mi dolor era vano. Hasta hace poco era un músico conocido, disfrutaba de riqueza, fama, amigos, mujeres, de la comida más deleitable que nadie hubiera probado jamás; en fin, tenía todo lo que había soñado. Pero poco a poco fui perdiendo todo eso y lo único que me quedó fue una gran indiferencia por seguir así. Además, si en verdad somos libres ¿No te parece justo que tenga derecho a elegir el momento y la forma en que habría de morir?-
Aquél parecía un buen argumento que justificaría el hecho de que ese desventurado músico optara por el suicidio pero momentos antes de que su explicación fuese refutada prosiguió hablando: –Te propongo algo, acabas de decir que te gustaría tener vida otra vez y pues, yo estoy convencido de haber tomado la decisión correcta; ¿Qué te parece si te quedas con mi cuerpo? Porque, pensándolo bien, sería un desperdicio que terminará siendo alimento de gusanos.-
-¿Estás seguro de lo que dices?- Preguntó Tristán.
-Completamente seguro, ¡Libera mi espíritu de esa prisión para que puedas apropiártela!-exclamó aquel.
La tentación de regresar y poder darle consumación a lo inconcluso reinó en ese instante la mente del joven De Béroul. Era una oportunidad que contra todo pronóstico se presenta en única ocasión. Debía ser un asunto tan fuerte y necesario para que él estuviera tentado a retornar a su limitado linaje humano.
-Trato hecho, ahora descansa en paz-. Sentenció.
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