c.eldrick driven-zavala
Poeta recién llegado
Capitulo uno El tormento del hada
Es bastante común escuchar a casi todo el mundo decir que la esperanza es lo último que muere; nadie sabe que tan cierta es esta frase, no al menos hasta que se experimenta en carne propia. Sin temor a equivocarme, Anneli con sus cortos nueve años habría preferido seguir ignorando todo eso.
Se encuentra otro día más ahí, prisionera en lo que con ironía le llama hogar, encadenada por las muñecas a la cabecera de un rancio y sucio camastro que apesta a orines y alcohol. Su delgado y pálido cuerpo semidesnudo es apenas cubierto por una sábana sepia que le llega por debajo de los hombros. A su lado esta él, ese hombre robusto al que con profundo odio y justo desprecio le dice “padre”; el mismo que hace apenas un par de años se casó con su madre jurándole amarla hasta la muerte para que al cabo de muy poco tiempo terminara despedazándola a golpes frente a la presencia estupefacta de Anneli.
El mismo infierno es nada para todo lo que ya había vivido; casi a diario su propio padre la trataba como a una ramera, abusaba de ella, la abofeteaba, la escupía y a veces hasta la quemaba con cigarrillos, pero lo que más le dolía eran los insultos que él profería a la memoria de su santa madre fallecida.
Aun y con todo eso, Anneli no se daba por vencida. Se aferraba con toda su fuerza al sueño de que algún día un hada bondadosa se apiadaría de ella e iría a rescatarla; más que esperanza se había convertido para ella una obsesión resistir y que en alguna ocasión pudiera salir de aquel lugar.
Estaba a punto de ser la media noche y las cosas parecían no cambiar en lo absoluto, su “padre” profundamente dormido y ella esperando que su salvación cayera del cielo. De repente algo raro llamó su atención, un par de alas negras entraron a la habitación atravesando por la ventana sin romperla, en completo sigilo.
-¿Eres un hada?-preguntó Anneli.
-No- respondió tajante aquel extraño ser.
-¿Eres entonces un ángel?-volvió a cuestionar.
-Algo parecido- le contestó.
-¿Vienes a salvarme?- rebatió nuevamente la chica.
-Sí- le reveló en un tono más cálido.
Un ruido extraño despertó al “padre” de Anneli, y al voltear la mirada vio como la niña había logrado desprender las cadenas que la mantenían en cautiverio.
-¿Qué crees que haces mocosa estúpida?- preguntó al tiempo en que de un salto se abalanzó sobre de ella con todo su peso y luego de aplastarla comenzó a golpearla salvajemente en la cabeza. Impávida, Anneli recibía todos los golpes puesto que ya se sentía salvada.
-¡Escucha bien bestia degenerada, fue la última vez que tus manos profanaron la inocencia de esta niña!- No transcurrió ni un segundo de escucharse eso cuando el “padre” comenzó a sentir una parte mínima del dolor que había causado; sus ojos comenzaron a incinerarse al tiempo en que sus brazos eran desprendidos violentamente de su cuerpo, su cadera se fracturaba en varias partes mientras sus pulmones colapsaban, los dedos de sus pies se partían uno a uno dejando expuestos sus huesos, sus oídios se reventaron en un agudo grito de dolor y su espina dorsal comenzaba a desprenderse del cuerpo. Luego todo fue silencio. Ahora estaban ahí, un extraño ser alado, el cadáver mutilado de un mal hombre y una valiente niña cándida en su lecho de muerte.
-¡Ya se quién eres! eres mamá y has venido a llevarme a tu lado.- dijo Anneli al extraño ser, con el poco aliento de vida que le restaba.
-No, pero es lo menos que puedo hacer por ti- respondió aquel. Entonces con sus manos cerró suavemente los ojos de Anneli.
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