Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Capturando reflejos.
Hay una luz más allá de la idea que ronda tu mente.
Como doblar la esquina y encontrarse con uno mismo,
con el deseo de lo más ansiado, allí, en frente de uno.
La perseverancia de tu insistencia hasta el infinito.
La sonrisa desdoblada en el espejo y el destino
insidioso en su asecho eterno como la abeja detrás de la flor.
Pasar, así, las yemas de los dedos y separar tus labios.
Lanzarse al viaje y abrazar este mar, salado mar,
que es su propio infinito, oscuro y plagado de mitos.
Yo me entrego, amada, como la sombra ante la luz.
Tener en mi oído el ruido de tu vientre,
el asombro del ojo de tu ombligo cuando mi lengua
le habla el secreto del deseo desmesurado.
Quisiera abrir la ventana de este cuarto,
dejar la luz clara del día entrar por ella
y gritar al mundo que aquí te tengo,
doblando la esquina, cerrando sombras en tu mente,
capturando reflejos de sonrisas en los espejos,
con todo el peso de esta humanidad entre tus piernas.
Hay una luz más allá de la idea que ronda tu mente.
Como doblar la esquina y encontrarse con uno mismo,
con el deseo de lo más ansiado, allí, en frente de uno.
La perseverancia de tu insistencia hasta el infinito.
La sonrisa desdoblada en el espejo y el destino
insidioso en su asecho eterno como la abeja detrás de la flor.
Pasar, así, las yemas de los dedos y separar tus labios.
Lanzarse al viaje y abrazar este mar, salado mar,
que es su propio infinito, oscuro y plagado de mitos.
Yo me entrego, amada, como la sombra ante la luz.
Tener en mi oído el ruido de tu vientre,
el asombro del ojo de tu ombligo cuando mi lengua
le habla el secreto del deseo desmesurado.
Quisiera abrir la ventana de este cuarto,
dejar la luz clara del día entrar por ella
y gritar al mundo que aquí te tengo,
doblando la esquina, cerrando sombras en tu mente,
capturando reflejos de sonrisas en los espejos,
con todo el peso de esta humanidad entre tus piernas.