viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me duele, ¡Cuánto me duele!
La caricia nonata
que transcurre en la nieve.
Es una semilla sin estrella
desmayada en el desierto.
Tus manos no la desprenden
y duerme en un lecho
de histerismo ácido,
porque quiere volar
y con sus alas rozarme.
Me duele en los ojos
si no me envuelves la piel,
cuando no apagas las cosquillas
que me hacen bailar solo.
Es un deseo y un fantasma
que laceran mis entrañas
y me devuelven vacío.
¡Cuánto me duele!
La caricia nonata
que se enredó en la sombra
de un mal día,
de una tarde sin luz.
Se hace polizonte en mis venas
y destruye con sus garras
las ganas de respirar.
El camino de tu mano en mi pelo
es un peregrinaje de ciegos
a la ciudad de Granada.
Un río que no alcanza la mar.
Cuando germine una caricia en tus dedos,
ponla sobre mi pecho en tu nombre,
que yo la haré primavera
que celebre colores
aun por inventar.
Su demora me duele,
¡Cuánto me duele!
Me duele hasta soñar
si tu mano no me cierne.
La caricia nonata
que transcurre en la nieve.
Es una semilla sin estrella
desmayada en el desierto.
Tus manos no la desprenden
y duerme en un lecho
de histerismo ácido,
porque quiere volar
y con sus alas rozarme.
Me duele en los ojos
si no me envuelves la piel,
cuando no apagas las cosquillas
que me hacen bailar solo.
Es un deseo y un fantasma
que laceran mis entrañas
y me devuelven vacío.
¡Cuánto me duele!
La caricia nonata
que se enredó en la sombra
de un mal día,
de una tarde sin luz.
Se hace polizonte en mis venas
y destruye con sus garras
las ganas de respirar.
El camino de tu mano en mi pelo
es un peregrinaje de ciegos
a la ciudad de Granada.
Un río que no alcanza la mar.
Cuando germine una caricia en tus dedos,
ponla sobre mi pecho en tu nombre,
que yo la haré primavera
que celebre colores
aun por inventar.
Su demora me duele,
¡Cuánto me duele!
Me duele hasta soñar
si tu mano no me cierne.
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