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Caricias del atardecer

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CARICIAS DEL ATARDECER


Como la caricia del suave filo de una espada

baja la antigua brisa que acaba de besar las ásperas rocas de la sierra

y ahora me besa a mi fundiéndome en su todo universal

Me envuelve con mansedumbre ardorosa

y me reclama la interpretación de sus músicas

en este heterodoxo ocaso disfrazado de pantomima chinesca.


Abajo el mar hace suyas las reivindicaciones de los pescadores de perlas

y abandonando los prestigios que ensalzan a las rocosas rompientes

se entrega al callado musitar del que proceden sus rumores.

Las ateridas caracolas los recogen en su concavidad laberíntica

y las entrega al amante adormecido por el canto de una sirena

el aroma de los pinos embalsama el cadáver de quien no habitará la noche.


Es difícil alojarse en este espacio sin paradigmas ni cubículos de fieras

viniendo desde las inhóspitas soledades boreales

y habiendo bebido las mil sangres que la sodomía ha derramado.

Es difícil, sí, hacerlo sin la presencia de ojos excavados por las olas

ojos de ámbar caducos con sus visiones sesgadas

trasminados por suntuosas bailarinas que ofrecen sus vientres ágiles.


Voluntariosas oropéndolas deshojan los rosarios lacrimosos

que laten todavía en las ofrendas de las últimos holocaustos

No les intimidan los graznidos de los buitres como siniestros contrapuntos

como lo es el mar del desierto que nunca conoció.

Allí, en el desierto de sinuosos perfiles, danzan maniquíes descoyuntados

buscando entre los detritos las almas de los humanos como pulsiones de la nada.


Una recurrente metempsícosis como eslabón o susurro de una imprevisible eternidad

y aquellos maniquíes descoyuntados como residuo de la grandeza pasada.

Mientras a mí me envuelve la brisa perfumada por los alcoholes del aroma de los pinos

aunque yo en mis postreros deseos te invoco a tí mi hetaira delicada

mi indulgente poseedora relámpago refulgente como la ola que me recluyó

aquí en esta playa, atisbo compasivo del desierto de los prófugos.



COLLAGE.jpg



Ilust.: Henri Matisse. Collage.
 
Última edición:
No les intimidan los graznidos de los buitres como siniestros contrapuntos

como lo es el mar del desierto que nunca conoció.

Estimado poeta, Miguel, todo el poema es una obra de arte, pero estos versos me intrigaron. El mar del desierto...pareciera polar, opuesto, no sé pero esto lo disfruto, una imagen que no se puede olvidar.
En la distancia y sin cafeina mis respetos en un abrazo de agua, siempre es un lujo leerle especialmente en las noches,
 
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CARICIAS DEL ATARDECER


Como la caricia del suave filo de una espada

baja la antigua brisa que acaba de besar las ásperas rocas de la sierra

y ahora me besa a mi fundiéndome en su todo universal

Me envuelve con mansedumbre ardorosa

y me reclama la interpretación de sus músicas

en este heterodoxo ocaso disfrazado de pantomima chinesca.


Abajo el mar hace suyas las reivindicaciones de los pescadores de perlas

y abandonando los prestigios que ensalzan a las rocosas rompientes

se entrega al callado musitar del que proceden sus rumores.

Las ateridas caracolas los recogen en su concavidad laberíntica

y las entrega al amante adormecido por el canto de una sirena

el aroma de los pinos embalsama el cadáver de quien no habitará la noche.


Es difícil alojarse en este espacio sin paradigmas ni cubículos de fieras

viniendo desde las inhóspitas soledades boreales

y habiendo bebido las mil sangres que la sodomía ha derramado.

Es difícil, sí, hacerlo sin la presencia de ojos excavados por las olas

ojos de ámbar caducos con sus visiones sesgadas

trasminados por suntuosas bailarinas que ofrecen sus vientres ágiles.


Voluntariosas oropéndolas deshojan los rosarios lacrimosos

que laten todavía en las ofrendas de las últimos holocaustos

No les intimidan los graznidos de los buitres como siniestros contrapuntos

como lo es el mar del desierto que nunca conoció.

Allí, en el desierto de sinuosos perfiles, danzan maniquíes descoyuntados

buscando entre los detritos las almas de los humanos como pulsiones de la nada.


Una recurrente metempsícosis como eslabón o susurro de una imprevisible eternidad

y aquellos maniquíes descoyuntados como residuo de la grandeza pasada.

Mientras a mí me envuelve la brisa perfumada por los alcoholes del aroma de los pinos

aunque yo en mis postreros deseos te invoco a ti mi hetaira delicada

mi indulgente poseedora relámpago refulgente como la ola que me recluyó

aquí en esta playa, atisbo compasivo del desierto de los prófugos.



Ilust.: Henri Matisse. Collage.

Pueden olerse esas caricias soplando bajo la ladera y alcanzando cantos de sirena.
Una visión de experiencia de vida con ojos de espejo cóncavo.

Un placer, como siempre Miguel, navegar por estas orillas.

Abrazos!

Palmira
 
CARICIAS DEL ATARDECER


Como la caricia del suave filo de una espada

baja la antigua brisa que acaba de besar las ásperas rocas de la sierra

y ahora me besa a mi fundiéndome en su todo universal

Me envuelve con mansedumbre ardorosa

y me reclama la interpretación de sus músicas

en este heterodoxo ocaso disfrazado de pantomima chinesca.


Abajo el mar hace suyas las reivindicaciones de los pescadores de perlas

y abandonando los prestigios que ensalzan a las rocosas rompientes

se entrega al callado musitar del que proceden sus rumores.

Las ateridas caracolas los recogen en su concavidad laberíntica

y las entrega al amante adormecido por el canto de una sirena

el aroma de los pinos embalsama el cadáver de quien no habitará la noche.


Es difícil alojarse en este espacio sin paradigmas ni cubículos de fieras

viniendo desde las inhóspitas soledades boreales

y habiendo bebido las mil sangres que la sodomía ha derramado.

Es difícil, sí, hacerlo sin la presencia de ojos excavados por las olas

ojos de ámbar caducos con sus visiones sesgadas

trasminados por suntuosas bailarinas que ofrecen sus vientres ágiles.


Voluntariosas oropéndolas deshojan los rosarios lacrimosos

que laten todavía en las ofrendas de las últimos holocaustos

No les intimidan los graznidos de los buitres como siniestros contrapuntos

como lo es el mar del desierto que nunca conoció.

Allí, en el desierto de sinuosos perfiles, danzan maniquíes descoyuntados

buscando entre los detritos las almas de los humanos como pulsiones de la nada.


Una recurrente metempsícosis como eslabón o susurro de una imprevisible eternidad

y aquellos maniquíes descoyuntados como residuo de la grandeza pasada.

Mientras a mí me envuelve la brisa perfumada por los alcoholes del aroma de los pinos

aunque yo en mis postreros deseos te invoco a tí mi hetaira delicada

mi indulgente poseedora relámpago refulgente como la ola que me recluyó

aquí en esta playa, atisbo compasivo del desierto de los prófugos.



COLLAGE.jpg



Ilust.: Henri Matisse. Collage.

un colorido y amplio espectro de metáfora y paisajes , querido amigo Miguel. Siempre un lujo arrimarse a tus obras, enhorabuena. Un abrazo.
 
CARICIAS DEL ATARDECER


Como la caricia del suave filo de una espada

baja la antigua brisa que acaba de besar las ásperas rocas de la sierra

y ahora me besa a mi fundiéndome en su todo universal

Me envuelve con mansedumbre ardorosa

y me reclama la interpretación de sus músicas

en este heterodoxo ocaso disfrazado de pantomima chinesca.


Abajo el mar hace suyas las reivindicaciones de los pescadores de perlas

y abandonando los prestigios que ensalzan a las rocosas rompientes

se entrega al callado musitar del que proceden sus rumores.

Las ateridas caracolas los recogen en su concavidad laberíntica

y las entrega al amante adormecido por el canto de una sirena

el aroma de los pinos embalsama el cadáver de quien no habitará la noche.


Es difícil alojarse en este espacio sin paradigmas ni cubículos de fieras

viniendo desde las inhóspitas soledades boreales

y habiendo bebido las mil sangres que la sodomía ha derramado.

Es difícil, sí, hacerlo sin la presencia de ojos excavados por las olas

ojos de ámbar caducos con sus visiones sesgadas

trasminados por suntuosas bailarinas que ofrecen sus vientres ágiles.


Voluntariosas oropéndolas deshojan los rosarios lacrimosos

que laten todavía en las ofrendas de las últimos holocaustos

No les intimidan los graznidos de los buitres como siniestros contrapuntos

como lo es el mar del desierto que nunca conoció.

Allí, en el desierto de sinuosos perfiles, danzan maniquíes descoyuntados

buscando entre los detritos las almas de los humanos como pulsiones de la nada.


Una recurrente metempsícosis como eslabón o susurro de una imprevisible eternidad

y aquellos maniquíes descoyuntados como residuo de la grandeza pasada.

Mientras a mí me envuelve la brisa perfumada por los alcoholes del aroma de los pinos

aunque yo en mis postreros deseos te invoco a tí mi hetaira delicada

mi indulgente poseedora relámpago refulgente como la ola que me recluyó

aquí en esta playa, atisbo compasivo del desierto de los prófugos.



COLLAGE.jpg



Ilust.: Henri Matisse. Collage.
Un universo en movimientos. motivacion floreciente entre esos anhelos
esas caricias de una musicalidad bifurcada entre la pregunta sobre la
duda. vaiven exacto para responder al sueño. excelente.saludos de luzyabsenta
 
Muchas gracias, querida Guadalupe, por estas palabras tuyas. Por si te sirve de aclaración (aunque en poesía lo importante es el misterio) considero al desierto, arido y mineral, como contraste al mar, líquido y vital. Me alegra que es poema te sugiera, al menos alguna duda, señal de una lectura interesada. Un cordial abrazo, amiga mía.
miguel
 
Hola, Tribu. Recibo una vez más tus palabras con la cotidianeidad de una franca camaradería. Son todo un honor las distinciones que me haces.Te envío un fuerte abrazo y mis deseos que estéws a salvo de esta pandemia. Con afecto,
miguel
 

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