Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
-A Carlitos, un humilde vendedor ambulante de láminas argentino de unos sesenta años aproximadamente, quien me concedió el honor de su amistad y desapareció misteriosamente allá por 1978 año del mundial de fútbol en alguna 'operación de limpieza y ordenamiento', según se dijo, de la ciudad de Buenos Aires con miras a una gran afluencia turística que al fin y al cabo no resultó tal. No sé con certeza lo que pasó con Carlitos, pero a ojos vista de cierta rigurosa autocracia esteticista, la ciudad quedó más 'limpia' de muchas y 'magras' humanas presencias.
"La camino hermanito, la camino",
era su dicho referido a la calle o *yeca, según
su *chamuyo arrabalero.
Llueve, y en sucesivo y *botón relevo, brillan
en la noche esos tres *fasos esquineros: sangre,
oro y menta del semáforo.
La Avenida Corrientes refleja la ciudad patas arriba
y haciendo equilibrio en sus pretiles invertidos,
Carlitos, de lluvia no se moja; viene mojado
de unos *blanquitos de antes.
Así, acoda su pinta de Quijote taita sin yelmo
de Mambrino ni gacho Gardeliano, en la barra
del bar y pizzería Marín, y hecho un cuatro llovido
pero digno, sumisamente espera que lo atiendan.
Pide "uno" y le sirven un vino que atesora y respeta:
Por código, saluda al líquido con un respingo de ceja
y en voz baja le advierte sobre algo.
Disimulado, cada tanto se distancia de él,
le pone un leve alto con la mano, lo mide
como a un *ñeri de avería, y en esporádicos tragos,
se lo bebe cautamente.
Rumia, Carlitos, su vino como un *tungo cansino
su piadosa ración. "La merca" bajo el brazo:
Láminas baratas que a veces contempla y sonríe.
Una vez, con media reverencia, me obsequió una
diciéndome: "Pa tu vieja, en su día".
Afuera, se deslizan felinos los presagios.
De puro guapo, un relámpago sedicioso desafía
al Obelisco y, omnipotente éste, le tira un puntazo.
Lo yerra. Se lo pone a... ¡Carlitos! ¡Huydióooo!
¿Y qué querés? ¡Siempre por el aire ese corazón!
Indiferente la esperanza y sin remordimientos,
(como su suerte de casi toda la vida) contempla
el paso vacilante de Carlitos por Corrientes,
con su dicho de lastre que le pesa un montón:
"La camino hermanito, la camino".
La lluvia para de improviso. Ahorra lágrimas
por si tiene que llorarlo. Viéndolo así, herido,
perdiendo láminas, la noche condolida hurga
en su bolsillo acribillado y, rascando una luna
para un vino, se la baja despacito hasta la mano
que no pide. Y encima, en cada esquina liga
un faso: sangre, oro y menta del semáforo.
¡Seguro que lo quieren! Pero lo dejan ir...
desaparecer. A Carlitos, ¡nada menos!
Yo fui uno más de los que vio todo, y como se hace,
tampoco hice nada. Apenas rescato hoy, un boceto
burlón de su porte desgarbado hecho a bolígrafo
sobre una servilleta de papel. Ah, y esta *fulería
de versos. ¿Versos? ¡Nada! Perdoname, Carlitos.
Aunque a veces, en ocasiones como ésta
en que me pregunto si seguiremos siendo amigos,
siento que vos de algún lugar me respondés:
"¡Pero claro, claro, macho! ¡Cómo no!"
¡Gracias viejo! Me *sarpo otariamente otro cacho
y te pregunto emocionado: ¿Y, cómo andás ahora
en esa...¿nube, podríamos decir?
"La camino hermanito..., la camino".
.........................................................................
Nota glosario del Lunfardo ('dialecto Porteño') del Buenos Aires arrabalero y otras aclaraciones.
Yeca: Calle.
Chamuyo: Conversación.
Botón: Policía.
Faso: Cigarrillo.
Blanquitos de antes: Vinos blancos bebidos.
Taita: Cuchillero. Hombre de valor.
Bacía de azófar: Recipiente metálico.
(Tomado por Don Quijote de la Mancha, como
el Yelmo de Mambrino)
Gacho: Sombrero.
Guapo: Valiente.
Merca: Mercadería.
Erra: Yerra.
Huy dió!: Huy Dios! (Exclamación de alarma en el caso.)
Corrientes: Avenida principal de Buenos Aires.
"La camino hermanito, la camino",
era su dicho referido a la calle o *yeca, según
su *chamuyo arrabalero.
Llueve, y en sucesivo y *botón relevo, brillan
en la noche esos tres *fasos esquineros: sangre,
oro y menta del semáforo.
La Avenida Corrientes refleja la ciudad patas arriba
y haciendo equilibrio en sus pretiles invertidos,
Carlitos, de lluvia no se moja; viene mojado
de unos *blanquitos de antes.
Así, acoda su pinta de Quijote taita sin yelmo
de Mambrino ni gacho Gardeliano, en la barra
del bar y pizzería Marín, y hecho un cuatro llovido
pero digno, sumisamente espera que lo atiendan.
Pide "uno" y le sirven un vino que atesora y respeta:
Por código, saluda al líquido con un respingo de ceja
y en voz baja le advierte sobre algo.
Disimulado, cada tanto se distancia de él,
le pone un leve alto con la mano, lo mide
como a un *ñeri de avería, y en esporádicos tragos,
se lo bebe cautamente.
Rumia, Carlitos, su vino como un *tungo cansino
su piadosa ración. "La merca" bajo el brazo:
Láminas baratas que a veces contempla y sonríe.
Una vez, con media reverencia, me obsequió una
diciéndome: "Pa tu vieja, en su día".
Afuera, se deslizan felinos los presagios.
De puro guapo, un relámpago sedicioso desafía
al Obelisco y, omnipotente éste, le tira un puntazo.
Lo yerra. Se lo pone a... ¡Carlitos! ¡Huydióooo!
¿Y qué querés? ¡Siempre por el aire ese corazón!
Indiferente la esperanza y sin remordimientos,
(como su suerte de casi toda la vida) contempla
el paso vacilante de Carlitos por Corrientes,
con su dicho de lastre que le pesa un montón:
"La camino hermanito, la camino".
La lluvia para de improviso. Ahorra lágrimas
por si tiene que llorarlo. Viéndolo así, herido,
perdiendo láminas, la noche condolida hurga
en su bolsillo acribillado y, rascando una luna
para un vino, se la baja despacito hasta la mano
que no pide. Y encima, en cada esquina liga
un faso: sangre, oro y menta del semáforo.
¡Seguro que lo quieren! Pero lo dejan ir...
desaparecer. A Carlitos, ¡nada menos!
Yo fui uno más de los que vio todo, y como se hace,
tampoco hice nada. Apenas rescato hoy, un boceto
burlón de su porte desgarbado hecho a bolígrafo
sobre una servilleta de papel. Ah, y esta *fulería
de versos. ¿Versos? ¡Nada! Perdoname, Carlitos.
Aunque a veces, en ocasiones como ésta
en que me pregunto si seguiremos siendo amigos,
siento que vos de algún lugar me respondés:
"¡Pero claro, claro, macho! ¡Cómo no!"
¡Gracias viejo! Me *sarpo otariamente otro cacho
y te pregunto emocionado: ¿Y, cómo andás ahora
en esa...¿nube, podríamos decir?
"La camino hermanito..., la camino".
.........................................................................
Nota glosario del Lunfardo ('dialecto Porteño') del Buenos Aires arrabalero y otras aclaraciones.
Yeca: Calle.
Chamuyo: Conversación.
Botón: Policía.
Faso: Cigarrillo.
Blanquitos de antes: Vinos blancos bebidos.
Taita: Cuchillero. Hombre de valor.
Bacía de azófar: Recipiente metálico.
(Tomado por Don Quijote de la Mancha, como
el Yelmo de Mambrino)
Gacho: Sombrero.
Guapo: Valiente.
Merca: Mercadería.
Erra: Yerra.
Huy dió!: Huy Dios! (Exclamación de alarma en el caso.)
Corrientes: Avenida principal de Buenos Aires.
Última edición: