ricardinalgra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las garras del silencio preferían
la quietud y el Carnaval prohibido,
paseaban a la muerte por las noches
y reemplazaban el canto por aullidos...
Retrocedidos los que prohíben y censores
por el avance del pueblo en su camino
inentendible para sabios doctos en teorías
vuelve el Carnaval a los barrios y avenidas.
Me gustan la murga y las comparsas
y en general la alegría de los pobres
aunque sea por tres días la licencia
de saltar, bailar, cantar y disfrazarse
cual famosos ricos y suntuosos personajes
para al cabo de un evento tan pagano,
tras haberse abrazado, besado, haber amado,
verlos caer rendidos de cansancio
para soñar que la vida es una fiesta
a la que esta vez están ellos invitados.
Me entusiasma verlos dueños de la calle
brincando locamente en este día
y sentirse ser el centro de la escena
venciendo la postergación y el menoscabo
a que están habitualmente sometidos
para que lo amable y la belleza sean de otros
por el resto de los días y los tiempos...
Va llegando de lejos el sonido de los bombos
¡Ahí vienen! ¡Ya los oigo!¡Los diviso!
Me bulle la sangre y los latidos
se acomodan al compás de los tambores.
Mi cuerpo se incita al movimiento
y ahora el ritmo gobierna mis sentidos.
Sin sorpresa descubro que soy ellos
y ellos son mi hermandad y pertenencia
mientras me invade de a torrentes la alegría,
muy ajeno al sensato entendimiento
de que sólo es licencia del momento,
así va creciendo la certeza adentro mío
que el sueño que tendré al caer dormido
después de bailar, amar y haber bebido
consistirá en que la vida es una fiesta
interminable de placeres y dicha desatadas
por el resto de los días y los tiempos...
Burdo preanuncio tal vez de nuevos tiempos,
la esencia no está en disfraz ni pantomima
donde reside mi deseo elemental y primitivo
de Carnaval, Carnaval toda la vida...
la quietud y el Carnaval prohibido,
paseaban a la muerte por las noches
y reemplazaban el canto por aullidos...
Retrocedidos los que prohíben y censores
por el avance del pueblo en su camino
inentendible para sabios doctos en teorías
vuelve el Carnaval a los barrios y avenidas.
Me gustan la murga y las comparsas
y en general la alegría de los pobres
aunque sea por tres días la licencia
de saltar, bailar, cantar y disfrazarse
cual famosos ricos y suntuosos personajes
para al cabo de un evento tan pagano,
tras haberse abrazado, besado, haber amado,
verlos caer rendidos de cansancio
para soñar que la vida es una fiesta
a la que esta vez están ellos invitados.
Me entusiasma verlos dueños de la calle
brincando locamente en este día
y sentirse ser el centro de la escena
venciendo la postergación y el menoscabo
a que están habitualmente sometidos
para que lo amable y la belleza sean de otros
por el resto de los días y los tiempos...
Va llegando de lejos el sonido de los bombos
¡Ahí vienen! ¡Ya los oigo!¡Los diviso!
Me bulle la sangre y los latidos
se acomodan al compás de los tambores.
Mi cuerpo se incita al movimiento
y ahora el ritmo gobierna mis sentidos.
Sin sorpresa descubro que soy ellos
y ellos son mi hermandad y pertenencia
mientras me invade de a torrentes la alegría,
muy ajeno al sensato entendimiento
de que sólo es licencia del momento,
así va creciendo la certeza adentro mío
que el sueño que tendré al caer dormido
después de bailar, amar y haber bebido
consistirá en que la vida es una fiesta
interminable de placeres y dicha desatadas
por el resto de los días y los tiempos...
Burdo preanuncio tal vez de nuevos tiempos,
la esencia no está en disfraz ni pantomima
donde reside mi deseo elemental y primitivo
de Carnaval, Carnaval toda la vida...
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