CARPE DIEM
Duerme el monstruo verdinegro
guardián callado del mar azul
Sus lomos erizados de riscos y de llamadas al orden
ciernen los rojos latidos del día que muere
Apenas chicharras y abejarucos marcan el contrapunto
Al fondo la ciudad como un vientre dolorido
con sus callejuelas como intestinos que arden
intenta sin consenguirlo que los ancianos admiren
desde su pasividad obligada
las curvas de las lejanas montañas
y recuerden sentimientos de la juventud perdida
¿Quien no identifica esa curva de los montes que laten en el recuerdo
con las canónicas curvas de la cadera femenina que una vez acariciamos?
En el recinto brumoso de un sotabanco que fue nido de amor
nuestras manos ardorosas tejieron versos
sobre vientres ofrecidos
sobre caderas que eran trópicos
sobre senos nacarados que sabíamos moldear.
Ahora son sueños gozosos
Ahora son pasos que resuenan al regresar de la fiesta
Tenemos todavía la juventud colgada de la percha
y la botella de absenta dispuesta a hacernos soñar.
Amplio ha sido el recorrido amplios sus ecos aún
se mezclan los colores del ocaso con aquellos rubescentes
de los cuerpos que gozamos.
Carpe diem, majaderos.
Duerme el monstruo verdinegro
guardián callado del mar azul
Sus lomos erizados de riscos y de llamadas al orden
ciernen los rojos latidos del día que muere
Apenas chicharras y abejarucos marcan el contrapunto
Al fondo la ciudad como un vientre dolorido
con sus callejuelas como intestinos que arden
intenta sin consenguirlo que los ancianos admiren
desde su pasividad obligada
las curvas de las lejanas montañas
y recuerden sentimientos de la juventud perdida
¿Quien no identifica esa curva de los montes que laten en el recuerdo
con las canónicas curvas de la cadera femenina que una vez acariciamos?
En el recinto brumoso de un sotabanco que fue nido de amor
nuestras manos ardorosas tejieron versos
sobre vientres ofrecidos
sobre caderas que eran trópicos
sobre senos nacarados que sabíamos moldear.
Ahora son sueños gozosos
Ahora son pasos que resuenan al regresar de la fiesta
Tenemos todavía la juventud colgada de la percha
y la botella de absenta dispuesta a hacernos soñar.
Amplio ha sido el recorrido amplios sus ecos aún
se mezclan los colores del ocaso con aquellos rubescentes
de los cuerpos que gozamos.
Carpe diem, majaderos.