minoviosellamajesus
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tras estelas polvorientas
que levantan por la vía
el paso de las carretas
se aleja la romería
al son de las panderetas
las palmas y la alegría
mientras suenan las saetas
a Siempre Virgen María
la Patrona de las Fiestas
y al Cristo de la Agonía
que va con la cruz a cuestas
y hace de Pastor y guía.
Abanicos y peinetas
a modo de fantasía
lucen las mozas coquetas
con garbo y con simpatía
se nota que estan contentas,
y ellos más todavía
porque llevan en sus cestas
vino, aguardiente y sangría
para sus bocas sedientas
también su melancolía.
Las mulas ya están dispuestas
antes de la luz vigía.
Cierran con llave sus puertas
se van a la serranía
a levantar sus casetas
y echar la monotonía
a beber a fin de cuentas
hasta que se acabe el día
aunque suenan más discretas
las voces al mediodía,
cuando un toque de cornetas
cede paso a la homilía
en la que caras atentas
a la santa Eucaristía
más que atentas soñolientas
rezan una letanía
con sus cabezas cubiertas
bajo el sol de Andalucía
y sus rosarios de cuentas.
Se calla la gritería
adiós, ruidos y protestas
al fin reina la armonía
y el silencio en las reyertas.
Regresa pero tardía
después de las zapatiestas
que armaron la algarabía
con sus idas y sus vueltas
la paz que allí siempre había,
las calles están desiertas
y la plazuela vacía
nadie ocupa sus banquetas,
y su fuente de agua fría
musa de tantos poetas
se queda sin compañía
que levantan por la vía
el paso de las carretas
se aleja la romería
al son de las panderetas
las palmas y la alegría
mientras suenan las saetas
a Siempre Virgen María
la Patrona de las Fiestas
y al Cristo de la Agonía
que va con la cruz a cuestas
y hace de Pastor y guía.
Abanicos y peinetas
a modo de fantasía
lucen las mozas coquetas
con garbo y con simpatía
se nota que estan contentas,
y ellos más todavía
porque llevan en sus cestas
vino, aguardiente y sangría
para sus bocas sedientas
también su melancolía.
Las mulas ya están dispuestas
antes de la luz vigía.
Cierran con llave sus puertas
se van a la serranía
a levantar sus casetas
y echar la monotonía
a beber a fin de cuentas
hasta que se acabe el día
aunque suenan más discretas
las voces al mediodía,
cuando un toque de cornetas
cede paso a la homilía
en la que caras atentas
a la santa Eucaristía
más que atentas soñolientas
rezan una letanía
con sus cabezas cubiertas
bajo el sol de Andalucía
y sus rosarios de cuentas.
Se calla la gritería
adiós, ruidos y protestas
al fin reina la armonía
y el silencio en las reyertas.
Regresa pero tardía
después de las zapatiestas
que armaron la algarabía
con sus idas y sus vueltas
la paz que allí siempre había,
las calles están desiertas
y la plazuela vacía
nadie ocupa sus banquetas,
y su fuente de agua fría
musa de tantos poetas
se queda sin compañía
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