ricardinalgra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Del paso de mi carro quejumbroso
tus perros salían al encuentro noche o día.
Ladraban obstinados fastidiosos
con entusiasmo inusitado perseguían.
Me quejaba molesto, importunado
apuraba el andar o ignoraba y eludía.
Pero un día cambió toda la escena:
¡ tu mirada era mirada que me huía!
Ahora sólo el crujir del andamiaje
no hay más fiestas de perro en correría.
Por magia de la memoria ilusionista
únicamente el recuerdo se vistió de algarabía.
Triste ando con mi carro quejumbroso
¡es notable cómo extraño tu jauría!
tus perros salían al encuentro noche o día.
Ladraban obstinados fastidiosos
con entusiasmo inusitado perseguían.
Me quejaba molesto, importunado
apuraba el andar o ignoraba y eludía.
Pero un día cambió toda la escena:
¡ tu mirada era mirada que me huía!
Ahora sólo el crujir del andamiaje
no hay más fiestas de perro en correría.
Por magia de la memoria ilusionista
únicamente el recuerdo se vistió de algarabía.
Triste ando con mi carro quejumbroso
¡es notable cómo extraño tu jauría!
Última edición: