Alejandro Padilla
Poeta recién llegado
Me dan todos sus cubos y sus rayos
un fraguante fragor en la cabeza,
su calor a mi frente lame y besa,
congregando con ancla ardientes cayos.
¿Qué arrastrarán en lodo esos caballos,
que en su herradura cada vez más pesa?
Acaso tropezaron con la presa
y al matarla los hizo sus vasallos.
Me engorda cada diámetro y me agrava
a fuerza de ensogar toda la vuelta,
caballo, lodo y cayo en mi figura.
De una en una me entierra cada grava,
mas a mi sombra juzgo gorda y suelta
y temo no caber en sepultura.
un fraguante fragor en la cabeza,
su calor a mi frente lame y besa,
congregando con ancla ardientes cayos.
¿Qué arrastrarán en lodo esos caballos,
que en su herradura cada vez más pesa?
Acaso tropezaron con la presa
y al matarla los hizo sus vasallos.
Me engorda cada diámetro y me agrava
a fuerza de ensogar toda la vuelta,
caballo, lodo y cayo en mi figura.
De una en una me entierra cada grava,
mas a mi sombra juzgo gorda y suelta
y temo no caber en sepultura.
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