CARTA A MI AMADA
Cariño, te escribo desde el lejano verano
que sabe a vientos pudientes de invierno.
Te escribo, querida, para saludarte
con la voz afónica del silencio;
y decirte que, aunque suene dramático,
ya no soporto las inmensas noches que vivo;
ya no quiero mendigar más los dulces
retacitos de tu pasado amoroso.
Cariño, te escribo con el pulso del viento;
y te saludo, una vez más,
con la ausente voz de los pájaros.
Ay, querida, si supieras las malas lenguas
del silencio que hablan muy mal de ti…
que ya emprendiste el camino equivocado,
que no tienes corazón para responder mis plegarias;
y aún así, yo te añoro a la distancia;
y voy contando los días, mirando con ojos tristes
los caminos por donde debieras tú llegar.
¡Ay, querida, si supieras la soledad que estoy viviendo
Bajo la sombra de tus recuerdos!
Si supieras, cariño, hasta cuando los árboles
de mi pecho irán deshojando sus tristezas
en el inmenso valle de la melancolía.
Ay, cariño, vuelve a tu dulce hogar;
vuelve y figura tus flores en los sombríos campos
de mi corazón; apaga la lámpara de la noche,
que motean lúgubres y ásperas luminarias en mis ojos.
Ahuyenta los mil sinsabores que rondan en mi derredor;
perfuma los prados con las primaveras de tu aliento.
Es todo mi amor. Me despido con los besos
cercanos del viento; ojalá un día vuelvan a mí
tus manitas cariñosas, y que en mi alma resurjan
las alboradas que un día dejaron de alumbrar con tus ojos.
Cariño, te escribo desde el lejano verano
que sabe a vientos pudientes de invierno.
Te escribo, querida, para saludarte
con la voz afónica del silencio;
y decirte que, aunque suene dramático,
ya no soporto las inmensas noches que vivo;
ya no quiero mendigar más los dulces
retacitos de tu pasado amoroso.
Cariño, te escribo con el pulso del viento;
y te saludo, una vez más,
con la ausente voz de los pájaros.
Ay, querida, si supieras las malas lenguas
del silencio que hablan muy mal de ti…
que ya emprendiste el camino equivocado,
que no tienes corazón para responder mis plegarias;
y aún así, yo te añoro a la distancia;
y voy contando los días, mirando con ojos tristes
los caminos por donde debieras tú llegar.
¡Ay, querida, si supieras la soledad que estoy viviendo
Bajo la sombra de tus recuerdos!
Si supieras, cariño, hasta cuando los árboles
de mi pecho irán deshojando sus tristezas
en el inmenso valle de la melancolía.
Ay, cariño, vuelve a tu dulce hogar;
vuelve y figura tus flores en los sombríos campos
de mi corazón; apaga la lámpara de la noche,
que motean lúgubres y ásperas luminarias en mis ojos.
Ahuyenta los mil sinsabores que rondan en mi derredor;
perfuma los prados con las primaveras de tu aliento.
Es todo mi amor. Me despido con los besos
cercanos del viento; ojalá un día vuelvan a mí
tus manitas cariñosas, y que en mi alma resurjan
las alboradas que un día dejaron de alumbrar con tus ojos.
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