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¡Azalea! Muchas gracias por pasar. Te agradezco el comentario y la ternura.Tu poema es precioso!! Muy conmovedores tus versos a la mamita. Te abrazo con el alma.
Me gustó pasar, gracias por compartir esta belleza. Saludos, Azalea.
Que pena que el internet no me ha dejado comentarte, se cae a cada rato, pero tenía que regresar, es muy bello.
Qué bello lo expresaste, Sheridam. Efectivamente, el amor de una madre no tiene par.Que amor más limpio, sincero y capaz que el de una madre, guerreras incansables que forjan la vida. Hermoso escrito, aplaudo tu pluma.
Da gusto, Javier, cuando los versos llegan al lector construyendo un poema que mantiene la emoción por la que fue concebido.Qué poema tan emotivo has bordado en torno al amor de una madre. La mía partió hacia ese mar apenas en Febrero del año pasado. El día que lo publicaste hubiera cumplido 72 años.
Me ha gustado el lirismo, el tema en su conjunto llevado de una manera muy íntima e introspectiva que habla de ese amor y amistad con tu madre.
Saludos
Javier
La ternura es la forma más modesta del amor
Olga Tokarczuk
CARTA A MI MADRE
Madre, me dices que la etapa oscura
ya te ha llegado y que tu miedo crece
mientras la vida va perdiendo altura.
Que el cuerpo poco a poco se adormece,
que el tiempo pasa como una cuchilla
y que la luz no es luz cuando amanece.
Es una luz serena de vainilla,
es una luz que alivia hacia la noche
que aguarda con su sábana de arcilla.
Y en tu voz no hay semilla de reproche
porque la vida apure el dulce incienso
y nos deje su polvo como broche.
¡En tu voz se percibe un río intenso
que reclama vivir y ser vivido!,
pero en el horizonte... un mar inmenso.
Te entiendo tanto, madre... Yo te pido
que en esta senda azul que te esmerila
no des jamás tu aliento por perdido.
No quiero verte en la primera fila
de un teatro sin gente, y a la espera,
con el telón temblando en tu pupila.
Yo quiero ser la luz de la vidriera
que acaricia las sombras de tu templo,
yo te requiero, madre, en mi ribera.
Y es que un mundo sin ti no lo contemplo
porque el frío que siento necesita
la ternura que llevas como ejemplo.
Tomará vuelo el tiempo que te habita,
¡pero ahora no toca!, madre, ahora
toca ser el instante que palpita.
¡El mundo te reclama con su aurora!,
¡que el rezo del tambor no te confunda!,
¡existes! y por eso tu alma llora.
Y nace en mí la noche más profunda,
y siento la belleza que me parte
con el misterio de su luz fecunda.
Aún te queda río por surcarte,
tenemos tantas cosas por hablar,
quiero que tú me cuentes y escucharte.
Compañera, rememos hacia el mar
y busquemos la llama en la flaqueza,
porque aunque a veces cueste navegar,
de algún modo, la vida, siempre empieza.
Kalkbadan
En Madrid a 19 de enero de 2020
Belleza de poema, como siempre; abrazo
Belleza de poema, como siempre; abrazo
Qué preciosidad de poema Luis, se amalgaman tantos sentires que sólo me queda un silencio inmenso en el corazón para saludar al tuyo.
Palmira
Un precioso y emotivo poema, todo pleno de ternura. Ha sido todo un deleite su lectura. Un abrazo.
Miguel
Una carta llena de sentimiento que refleja el entrañable amor por la madre. Ha sido un placer darle lectura. Saludos.
No pude terminarlo entero, me conmovió la profundidad del tema y las expresiones y conceptos que tan bien alías, un saludo amigo y cuídate!!
Elegante poema, de métrica exquisita y gran mensaje subliminal . Enhorabuena, poeta.
Paco
La ternura es la forma más modesta del amor
Olga Tokarczuk
CARTA A MI MADRE
Madre, me dices que la etapa oscura
ya te ha llegado y que tu miedo crece
mientras la vida va perdiendo altura.
Que el cuerpo poco a poco se adormece,
que el tiempo pasa como una cuchilla
y que la luz no es luz cuando amanece.
Es una luz serena de vainilla,
es una luz que alivia hacia la noche
que aguarda con su sábana de arcilla.
Y en tu voz no hay semilla de reproche
porque la vida apure el dulce incienso
y nos deje su polvo como broche.
¡En tu voz se percibe un río intenso
que reclama vivir y ser vivido!,
pero en el horizonte... un mar inmenso.
Te entiendo tanto, madre... Yo te pido
que en esta senda azul que te esmerila
no des jamás tu aliento por perdido.
No quiero verte en la primera fila
de un teatro sin gente, y a la espera,
con el telón temblando en tu pupila.
Yo quiero ser la luz de la vidriera
que acaricia las sombras de tu templo,
yo te requiero, madre, en mi ribera.
Y es que un mundo sin ti no lo contemplo
porque el frío que siento necesita
la ternura que llevas como ejemplo.
Tomará vuelo el tiempo que te habita,
¡pero ahora no toca!, madre, ahora
toca ser el instante que palpita.
¡El mundo te reclama con su aurora!,
¡que el rezo del tambor no te confunda!,
¡existes! y por eso tu alma llora.
Y nace en mí la noche más profunda,
y siento la belleza que me parte
con el misterio de su luz fecunda.
Aún te queda río por surcarte,
tenemos tantas cosas por hablar,
quiero que tú me cuentes y escucharte.
Compañera, rememos hacia el mar
y busquemos la llama en la flaqueza,
porque aunque a veces cueste navegar,
de algún modo, la vida, siempre empieza.
Kalkbadan
En Madrid a 19 de enero de 2020
Muchas gracias, César, por pasar. Estos versos los llevo en el corazón.Te aplaudiré de pie cada vez que me acuerde de estos versos
Hola, Kalkbadan. Sensibles y conmovedores tercetos. Un abrazo.
Que hermoso poema!!! La ternura de tus letras conmueve hasta los huesos
mi querido poeta, las hijas cuando somos madres, valoramos infinitamente
estos momentos que describes y que haces tan íntimos, tan inefables, porque
los hijos son nuestro mayor tesoro. Gracias por este maravilloso estar entre
tus letras. Besitos apretados en tus mejillas.
Bellísimo, amigo. Qué sensibilidad en este poema tan bien escrito. Un fuerte abrazo.La ternura es la forma más modesta del amor
Olga Tokarczuk
CARTA A MI MADRE
Madre, me dices que la etapa oscura
ya te ha llegado y que tu miedo crece
mientras la vida va perdiendo altura.
Que el cuerpo poco a poco se adormece,
que el tiempo pasa como una cuchilla
y que la luz no es luz cuando amanece.
Es una luz serena de vainilla,
es una luz que alivia hacia la noche
que aguarda con su sábana de arcilla.
Y en tu voz no hay semilla de reproche
porque la vida apure el dulce incienso
y nos deje su polvo como broche.
¡En tu voz se percibe un río intenso
que reclama vivir y ser vivido!,
pero en el horizonte... un mar inmenso.
Te entiendo tanto, madre... Yo te pido
que en esta senda azul que te esmerila
no des jamás tu aliento por perdido.
No quiero verte en la primera fila
de un teatro sin gente, y a la espera,
con el telón temblando en tu pupila.
Yo quiero ser la luz de la vidriera
que acaricia las sombras de tu templo,
yo te requiero, madre, en mi ribera.
Y es que un mundo sin ti no lo contemplo
porque el frío que siento necesita
la ternura que llevas como ejemplo.
Tomará vuelo el tiempo que te habita,
¡pero ahora no toca!, madre, ahora
toca ser el instante que palpita.
¡El mundo te reclama con su aurora!,
¡que el rezo del tambor no te confunda!,
¡existes! y por eso tu alma llora.
Y nace en mí la noche más profunda,
y siento la belleza que me parte
con el misterio de su luz fecunda.
Aún te queda río por surcarte,
tenemos tantas cosas por hablar,
quiero que tú me cuentes y escucharte.
Compañera, rememos hacia el mar
y busquemos la llama en la flaqueza,
porque aunque a veces cueste navegar,
de algún modo, la vida, siempre empieza.
Kalkbadan
En Madrid a 19 de enero de 2020
¡Querido Kratos! Gracias por regalarme tu lectura.Bellísimo, amigo. Qué sensibilidad en este poema tan bien escrito. Un fuerte abrazo.
Maravilla de poema, tiene versos memorables gracias por compartir tu poesía, es grato releerla.La ternura es la forma más modesta del amor.
(Olga Tokarczuk)
CARTA A MI MADRE
Madre, me dices que la etapa oscura
ya te ha llegado y que tu miedo crece
mientras la vida va perdiendo altura.
Que el cuerpo poco a poco se adormece,
que el tiempo pasa como una cuchilla
y que la luz no es luz cuando amanece.
Es una luz serena de vainilla,
es una luz que alivia hacia la noche
que aguarda con su sábana de arcilla.
Y en tu voz no hay semilla de reproche
porque la vida apure el dulce incienso
y nos deje su polvo como broche.
¡En tu voz se percibe un río intenso
que reclama vivir y ser vivido!,
pero en el horizonte... un mar inmenso.
Te entiendo tanto, madre... Yo te pido
que en esta senda azul que te esmerila
no des jamás tu aliento por perdido.
No quiero verte en la primera fila
de un teatro sin gente, y a la espera,
con el telón temblando en tu pupila.
Yo quiero ser la luz de la vidriera
que acaricia las sombras de tu templo,
yo te requiero, madre, en mi ribera.
Y es que un mundo sin ti no lo contemplo
porque el frío que siento necesita
la ternura que llevas como ejemplo.
Tomará vuelo el tiempo que te habita,
¡pero ahora no toca!, madre, ahora
toca ser el instante que palpita.
¡El mundo te reclama con su aurora!,
¡que el rezo del tambor no te confunda!,
¡existes! y por eso tu alma llora.
Y nace en mí la noche más profunda,
y siento la belleza que me parte
con el misterio de su luz fecunda.
Aún te queda río por surcarte,
tenemos tantas cosas por hablar,
quiero que tú me cuentes y escucharte.
Compañera, rememos hacia el mar
y busquemos la llama en la flaqueza,
porque aunque a veces cueste navegar,
de algún modo, la vida, siempre empieza.
Kalkbadan
En Madrid a 19 de enero de 2020
La ternura es la forma más modesta del amor.
(Olga Tokarczuk)
CARTA A MI MADRE
Madre, me dices que la etapa oscura
ya te ha llegado y que tu miedo crece
mientras la vida va perdiendo altura.
Que el cuerpo poco a poco se adormece,
que el tiempo pasa como una cuchilla
y que la luz no es luz cuando amanece.
Es una luz serena de vainilla,
es una luz que alivia hacia la noche
que aguarda con su sábana de arcilla.
Y en tu voz no hay semilla de reproche
porque la vida apure el dulce incienso
y nos deje su polvo como broche.
¡En tu voz se percibe un río intenso
que reclama vivir y ser vivido!,
pero en el horizonte... un mar inmenso.
Te entiendo tanto, madre... Yo te pido
que en esta senda azul que te esmerila
no des jamás tu aliento por perdido.
No quiero verte en la primera fila
de un teatro sin gente, y a la espera,
con el telón temblando en tu pupila.
Yo quiero ser la luz de la vidriera
que acaricia las sombras de tu templo,
yo te requiero, madre, en mi ribera.
Y es que un mundo sin ti no lo contemplo
porque el frío que siento necesita
la ternura que llevas como ejemplo.
Tomará vuelo el tiempo que te habita,
¡pero ahora no toca!, madre, ahora
toca ser el instante que palpita.
¡El mundo te reclama con su aurora!,
¡que el rezo del tambor no te confunda!,
¡existes! y por eso tu alma llora.
Y nace en mí la noche más profunda,
y siento la belleza que me parte
con el misterio de su luz fecunda.
Aún te queda río por surcarte,
tenemos tantas cosas por hablar,
quiero que tú me cuentes y escucharte.
Compañera, rememos hacia el mar
y busquemos la llama en la flaqueza,
porque aunque a veces cueste navegar,
de algún modo, la vida, siempre empieza.
Kalkbadan
En Madrid a 19 de enero de 2020
Gracias a ti, querida Luciana, por pasar por estos versos dedicados a mi madre, pero, ante todo, a esa compleja etapa llamada vejez.Maravilla de poema, tiene versos memorables gracias por compartir tu poesía, es grato releerla.
La ternura es la forma más modesta del amor.
(Olga Tokarczuk)
CARTA A MI MADRE
Madre, me dices que la etapa oscura
ya te ha llegado y que tu miedo crece
mientras la vida va perdiendo altura.
Que el cuerpo poco a poco se adormece,
que el tiempo pasa como una cuchilla
y que la luz no es luz cuando amanece.
Es una luz serena de vainilla,
es una luz que alivia hacia la noche
que aguarda con su sábana de arcilla.
Y en tu voz no hay semilla de reproche
porque la vida apure el dulce incienso
y nos deje su polvo como broche.
¡En tu voz se percibe un río intenso
que reclama vivir y ser vivido!,
pero en el horizonte... un mar inmenso.
Te entiendo tanto, madre... Yo te pido
que en esta senda azul que te esmerila
no des jamás tu aliento por perdido.
No quiero verte en la primera fila
de un teatro sin gente, y a la espera,
con el telón temblando en tu pupila.
Yo quiero ser la luz de la vidriera
que acaricia las sombras de tu templo,
yo te requiero, madre, en mi ribera.
Y es que un mundo sin ti no lo contemplo
porque el frío que siento necesita
la ternura que llevas como ejemplo.
Tomará vuelo el tiempo que te habita,
¡pero ahora no toca!, madre, ahora
toca ser el instante que palpita.
¡El mundo te reclama con su aurora!,
¡que el rezo del tambor no te confunda!,
¡existes! y por eso tu alma llora.
Y nace en mí la noche más profunda,
y siento la belleza que me parte
con el misterio de su luz fecunda.
Aún te queda río por surcarte,
tenemos tantas cosas por hablar,
quiero que tú me cuentes y escucharte.
Compañera, rememos hacia el mar
y busquemos la llama en la flaqueza,
porque aunque a veces cueste navegar,
de algún modo, la vida, siempre empieza.
Kalkbadan
En Madrid a 19 de enero de 2020
¡María! Muchas gracias por tu lectura. Un abrazo.Un delicado y bello poema, que solo pide mi aplauso. Me ha encantado. Que tangas buen dia
¡Fabio! Gracias a ti por pasar a leer y por tu comentario. Un abrazo.Bonito poema con un sentimiento puro y un final triste pero real.
Gracias por compartirlo
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