Carta a un desconocido III

Margarita Csanady

Poeta asiduo al portal
Querido amigo
aún no he visto la manera de sobrevivir
sin horror, sin cielo, sin aceras,
sin océanos.
Aunque con ellos apenas puedo
sentarme en el café y contemplar,
sin dudas,
el mundo que me abraza.
Toca en mi oído entonces
la trompeta del amanecer,
corro por las calles estrechas
buscando no sé qué,
mirando no sé a quién,
miles de rostros grises detenidos
en la luz roja de la mañana.
Tras los escaparates me encuentro
dispuesta a devorar
cuando otros me devoran.
Aunque apenas me quedan algunos restos,
dos pupilas heridas y
poco más,
a mi memoria llega el rumor
de la lluvia de aquel día
cuando me empeñaba
en pintar brujas amarillas
sobrevolando los firmamentos.
 
Querido amigo
aún no he visto la manera de sobrevivir
sin horror, sin cielo, sin aceras,
sin océanos.
Aunque con ellos apenas puedo
sentarme en el café y contemplar,
sin dudas,
el mundo que me abraza.
Toca en mi oído entonces
la trompeta del amanecer,
corro por las calles estrechas
buscando no sé qué,
mirando no sé a quién,
miles de rostros grises detenidos
en la luz roja de la mañana.
Tras los escaparates me encuentro
dispuesta a devorar
cuando otros me devoran.
Aunque apenas me quedan algunos restos,
dos pupilas heridas y
poco más,
a mi memoria llega el rumor
de la lluvia de aquel día
cuando me empeñaba
en pintar brujas amarillas
sobrevolando los firmamentos.

Un bello poema Margarita. Todos tenemos un desconocidi a quien contamos cosas, pedimos ayuda y dirigimos, a veces, nuestras suplicas.

Un beso.
 
Algunos lo llaman Dios, otros psicólologo, otros amigo o amiga, tiene muchos nombres ese desconocido, es cierto, a mí me ayuda a expresarme, es un bastón. Un abrazo.
 

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