RAMIPOETA
– RAMIRO PONCE ”POETA RAPSODA"
CARTA Al CIELO
para mi madre
Querida madre mía; cuanto hace ya de tu fatal partida, mucho tiempo ha pasado de cuando nos dejaste para ir al encuentro con Dios, con nuestro padre, y los dos hermanos, que a ti se adelantaron, te fuiste apresurada sin molestar a nadie como así lo anhelabas.-No seré carga inútil que a alguno le moleste. No quiero ser estorbo ni esperar que llamen la vieja que molesta y no puede hacer nada. Fue siempre lo que hablabas. En tus ojos marchitos, mustios y melancólicos del paso de los años, demostrabas las ansias que tenías de unirte a papá, con quien nos dieron: todo el amor sincero, diáfano y profundo que ser humano alguno pueda darlo en el mundo.
El destino te ubicó en el camino de una sola vía, para emprender el viaje sin retorno, hacia el Edén que Dios te ha ofrecido. Nos dejaste solos en la vida a beber el trago del infortunio que nos queda servido, en vasos de dolor y de amargura. Sentimos tu ausencia, porque, el vacío que dejaste se hace más insondable, monótono y triste, y el dolor, este inmenso dolor, nos pone a meditar por tu agonía.
El Cielo es tu morada, igual o más que aquí serás querida, espéranos amada madre mía, hasta el día que Dios, nos permita encontrarnos.
Ramiro Ponce P.
para mi madre
Querida madre mía; cuanto hace ya de tu fatal partida, mucho tiempo ha pasado de cuando nos dejaste para ir al encuentro con Dios, con nuestro padre, y los dos hermanos, que a ti se adelantaron, te fuiste apresurada sin molestar a nadie como así lo anhelabas.-No seré carga inútil que a alguno le moleste. No quiero ser estorbo ni esperar que llamen la vieja que molesta y no puede hacer nada. Fue siempre lo que hablabas. En tus ojos marchitos, mustios y melancólicos del paso de los años, demostrabas las ansias que tenías de unirte a papá, con quien nos dieron: todo el amor sincero, diáfano y profundo que ser humano alguno pueda darlo en el mundo.
El destino te ubicó en el camino de una sola vía, para emprender el viaje sin retorno, hacia el Edén que Dios te ha ofrecido. Nos dejaste solos en la vida a beber el trago del infortunio que nos queda servido, en vasos de dolor y de amargura. Sentimos tu ausencia, porque, el vacío que dejaste se hace más insondable, monótono y triste, y el dolor, este inmenso dolor, nos pone a meditar por tu agonía.
El Cielo es tu morada, igual o más que aquí serás querida, espéranos amada madre mía, hasta el día que Dios, nos permita encontrarnos.
Ramiro Ponce P.
Última edición: