Luis Albert
Poeta recién llegado
Querida Marcela.
Le escribo esta nueva carta que lleva en ella
letras que surgen de mi alma.
Quisiera ser un verdadero poeta
y escribir un poema que llegue a su corazón,
le haga sentir un poquito de lo que yo siento,
y diga lo mucho que me gusta,
como transforma mis días,
que tan sólo con una mirada me hace soñar,
y que sus dulces besos son mi alimento.
Que este corazón está hinchado de amor,
que la amo con mis manos, mis labios, mi cuerpo,
con mi médula, con cada célula
y que despierto pensando en usted mi amor,
no soy merecedor de llamarle así,
pero este amor ya no cabe en mi pecho,
comenzó como un pequeño granito de arena en el mar,
mas hoy contamina todo el océano,
tal vez no tenga derecho siquiera de de mirarle como lo hago,
menos aún de desearle de esta manera tan loca,
no tengo el privilegio de quererle.
¿Y si soy culpable de sentirle así?,
entonces recibo gustoso mi castigo,
si hasta yo me doy penitencia y condena.
Mas soy feliz por gozar de la oportunidad,
de tenerle un ratito y pensar que en un beso,
en una caricia en ese instante preciso me pertenece,
tal vez nunca sea mía en este momento de mi vida,
en este mundo nebuloso de mi existencia,
pero en mis sueños a sido mía como nunca lo a sido.
Del futuro nada se, de lo único que tengo certeza,
es que seguiré amando y deseando como ayer hoy y siempre.
Le escribo esta nueva carta que lleva en ella
letras que surgen de mi alma.
Quisiera ser un verdadero poeta
y escribir un poema que llegue a su corazón,
le haga sentir un poquito de lo que yo siento,
y diga lo mucho que me gusta,
como transforma mis días,
que tan sólo con una mirada me hace soñar,
y que sus dulces besos son mi alimento.
Que este corazón está hinchado de amor,
que la amo con mis manos, mis labios, mi cuerpo,
con mi médula, con cada célula
y que despierto pensando en usted mi amor,
no soy merecedor de llamarle así,
pero este amor ya no cabe en mi pecho,
comenzó como un pequeño granito de arena en el mar,
mas hoy contamina todo el océano,
tal vez no tenga derecho siquiera de de mirarle como lo hago,
menos aún de desearle de esta manera tan loca,
no tengo el privilegio de quererle.
¿Y si soy culpable de sentirle así?,
entonces recibo gustoso mi castigo,
si hasta yo me doy penitencia y condena.
Mas soy feliz por gozar de la oportunidad,
de tenerle un ratito y pensar que en un beso,
en una caricia en ese instante preciso me pertenece,
tal vez nunca sea mía en este momento de mi vida,
en este mundo nebuloso de mi existencia,
pero en mis sueños a sido mía como nunca lo a sido.
Del futuro nada se, de lo único que tengo certeza,
es que seguiré amando y deseando como ayer hoy y siempre.