I.S.F. Treviño
Poeta recién llegado
—Oh, amado mío, lamento no haberme podido despedir cuando te marchaste; sin embargo, te llevé en mi corazón todo el tiempo que no estuviste conmigo. Mi padre me vendió a un soldado ateniense, quien me embarazó y se fue a la guerra ¡Maldito sea mi padre y mi maldito Pues por ellos es que no te he tenido en mis brazos. Te hubiera seguido hasta las minas de haberlo podido hacer. No tengo nada más que lo que me has enseñado sobre la vida y de esa ciudad de la que vienes, pues nada más de lo que tengo me importa, si viene de mi padre o de mi esposo. Siempre te amaré, aun si ya no vivo o que tú hayas muerto; quemaré esta carta para sellar nuestro amor por la eternidad y que su esencia traspase lo terrenal, aun más allá del mundo de las ideas.
P.D. Los soldados han llegado a la ciudad y han quemado ya el panterón. Oraré a L*opoch'Arcop para que resguarde nuestras vidas, pero si no es así, espero siquiera verte en un sueño tuyo o después de la muerte.
Atte. Gaia Ariti. –
P.D. Los soldados han llegado a la ciudad y han quemado ya el panterón. Oraré a L*opoch'Arcop para que resguarde nuestras vidas, pero si no es así, espero siquiera verte en un sueño tuyo o después de la muerte.
Atte. Gaia Ariti. –