Versos entre dos orillas
Poeta recién llegado
[FONT=Trebuchet MS, Verdana, Arial, sans-serif]Segunda Parte:
De joven...
Subiendo a lo alto de nuestra Gran Piedra
observo a la Bella Habana, en su Fuente,
triste y llorosa, al no ver más el puente
donde la paz amaba a la palabra.
La misma senda ahora nos separa.
Presa y atrapada quedó mi mente.
Mi padre escapó, como un delincuente,
suplicando que yo le perdonara.
Que él regrese a nuestro hogar es mi sueño
pero a Cuba no vendrá, por su dueño.
Yo sigo con mi quehacer primero,
así que voy a vuestro Varadero,
a pediros, en la mano el sombrero,
la ayuda que no me dio de pequeño.
Tercera Parte:
De anciano...
Viendo ya mi corazón envejecido
y aún siendo casi como un mal indigente,
es fácil soñar con tan poco vivido
y aceptar la cruel vida de un inocente.
Con la certeza de todo lo perdido,
por la falta de una mente consecuente.
Y tristeza por lo que pudo haber sido,
si no hubiera muerte para tanta gente.
Nací pobre, nunca fui un rico hacendado
y por eso no comprendí la verdad
¡de tanto turista y tanto desterrado!
¡de tanta injusticia y tan poca piedad!
Ahora descanso en mi casa, acostado.
Pienso en mi vida implorando caridad.
Por las calles, en mi tristeza, humillado.
No era una moneda. Era la libertad...
De joven...
Subiendo a lo alto de nuestra Gran Piedra
observo a la Bella Habana, en su Fuente,
triste y llorosa, al no ver más el puente
donde la paz amaba a la palabra.
La misma senda ahora nos separa.
Presa y atrapada quedó mi mente.
Mi padre escapó, como un delincuente,
suplicando que yo le perdonara.
Que él regrese a nuestro hogar es mi sueño
pero a Cuba no vendrá, por su dueño.
Yo sigo con mi quehacer primero,
así que voy a vuestro Varadero,
a pediros, en la mano el sombrero,
la ayuda que no me dio de pequeño.
Tercera Parte:
De anciano...
Viendo ya mi corazón envejecido
y aún siendo casi como un mal indigente,
es fácil soñar con tan poco vivido
y aceptar la cruel vida de un inocente.
Con la certeza de todo lo perdido,
por la falta de una mente consecuente.
Y tristeza por lo que pudo haber sido,
si no hubiera muerte para tanta gente.
Nací pobre, nunca fui un rico hacendado
y por eso no comprendí la verdad
¡de tanto turista y tanto desterrado!
¡de tanta injusticia y tan poca piedad!
Ahora descanso en mi casa, acostado.
Pienso en mi vida implorando caridad.
Por las calles, en mi tristeza, humillado.
No era una moneda. Era la libertad...