Alexandra C.
Poeta recién llegado
Hay tantas cosas que escribirte, que confesarte, que creo que se me está acabando el aire y las palabras. Ya tengo tan poca inspiración que de solo tocar la pluma y el papel me siento seca, como estrujada, como si en muy poco tiempo hubiera vomitado todas las palabras que necesitaba decirte demasiado, sin conseguir hacer que entiendas nada de lo que siento en realidad. Quisiera escribírtelo todo, ahora mismo.
Los días se pasan, y yo empiezo a llevar la cuenta. Me siento vacía, como si me hubieran arrebatado el aire de un golpe, dejándome con esa sensación eterna de abandono. Cuento cada minuto, cada segundo, cada respiración que hay entre nosotros.
No es lo mismo que cuando tú estabas aquí.
Esos días, el tiempo era lo menos que quería contar. Quería que se detuviera, que nos sobraran muchos días más para estar juntos, aunque fuera de lejos. Quería que cada segundo contara como un avisto tuyo, y cada minuto una de tus miradas.
Me gustaría que volvieras.
Pero sé que no lo harás.
Ya sabes que el tiempo es irreversible, y yo lo gasté todo, tratando de odiarte. Las mujeres somos complicadas. Nos gusta hacernos sufrir a nosotras mismas. Estamos locas.
Supongo que ya no tengo muchas razones para volver a aquel lugar—ese lugar donde nos cruzábamos siempre--, porque tú eras la única razón que tenía. Ya no es lo mismo si no te veo vagando por ahí, así que a veces prefiero no volver. Pero tengo que hacerlo.
Sé que voy a acostumbrarme, como todos terminan haciendo, pero el vacío no se va a ir nunca. Así como el dolor va a volver conforme pasen las semanas, y la soledad volverá a rodearme, la inspiración abrazará mis dedos de nuevo.
Sabes, quiero volver a mirarte a los ojos. Es extraño, sin embargo ya es como una necesidad. Realmente me haces falta aquí.
Realmente...no sé por qué escribí tantas cosas.
Solo quería decirte que te quiero.
Y que no quería que lo olvidaras.
Los días se pasan, y yo empiezo a llevar la cuenta. Me siento vacía, como si me hubieran arrebatado el aire de un golpe, dejándome con esa sensación eterna de abandono. Cuento cada minuto, cada segundo, cada respiración que hay entre nosotros.
No es lo mismo que cuando tú estabas aquí.
Esos días, el tiempo era lo menos que quería contar. Quería que se detuviera, que nos sobraran muchos días más para estar juntos, aunque fuera de lejos. Quería que cada segundo contara como un avisto tuyo, y cada minuto una de tus miradas.
Me gustaría que volvieras.
Pero sé que no lo harás.
Ya sabes que el tiempo es irreversible, y yo lo gasté todo, tratando de odiarte. Las mujeres somos complicadas. Nos gusta hacernos sufrir a nosotras mismas. Estamos locas.
Supongo que ya no tengo muchas razones para volver a aquel lugar—ese lugar donde nos cruzábamos siempre--, porque tú eras la única razón que tenía. Ya no es lo mismo si no te veo vagando por ahí, así que a veces prefiero no volver. Pero tengo que hacerlo.
Sé que voy a acostumbrarme, como todos terminan haciendo, pero el vacío no se va a ir nunca. Así como el dolor va a volver conforme pasen las semanas, y la soledad volverá a rodearme, la inspiración abrazará mis dedos de nuevo.
Sabes, quiero volver a mirarte a los ojos. Es extraño, sin embargo ya es como una necesidad. Realmente me haces falta aquí.
Realmente...no sé por qué escribí tantas cosas.
Solo quería decirte que te quiero.
Y que no quería que lo olvidaras.