Cartas desde mi calle

Dark_Fairy

Poeta que considera el portal su segunda casa
¿Te acuerdas tú del entre tiempo?
de las risas que vagaban en ese universo
paralelo, de cuando las figuras de cera
y de hielo se fusionaban y formaban
otras de acero.

Hoy el sol está humedeciéndose en
algún patio trasero, con un tejabán
rojizo despintado, entre muebles rotos
y viejos, con platos donde un día comió
un perro que ha muerto.

También ahora el cielo se mudo de casa
alquiló una más chica en el norte del
lineamiento, las estrellas se cotizaron
a la baja, se quedaron varadas en un local
de comercio.

Adán y Eva buscan de nuevo un departamento
que no esté amueblado, pero que tampoco
sea demasiado moderno, no están acostumbrados
a ver muchas cosas, están siempre al pie del
exódo.

Caín me contó el otro día por teléfono
que sus plantas están hermosas llenas
de plagas y que de vez en cuando él
se hace un hermano de felpa, y juega
que va por él al colegio.

Abel, trabaja en un taller de costurero
donde fabrican disfraces de mariposas
ahí van las viudas negras, lagartijas, cucarachas
y también algunas ratas que quieren lucir
preciosas.

Conozco de una vieja, de una anciana
a quien la hija la deja a la deriva, la anciana
se pone a conversar con la barda que da la
ventana contigua, le dice acerca del tumor
en el cerebro, mientras se pone a crear formas
con las costras de mugre que ella lleva en las
manos, y luego, cuando la hija llega, la vieja
se pone muerta, se desconecta el corazón y la
hija ingenua, hace que lo lava, el marido saca
los paquetes del escondrijo, para dárselos a la
hija de la vieja, le hace miles de acertijos.

Lilith era mi vecina, yo le pagaba la
renta, platicábamos largas horas
nunca me tomò mi sangre a cuenta
luego conocí a un tal Jesús, muy arrogante
por cierto, siempre me cayó mal, pero
se daba él golpes de pecho, Jesús y yo
éramos vecinos de barrio, aunque siempre
estaba serio, un día le pedí azúcar, el muy
ingrato me dio arsénico.


¿Te acuerdas tú de cómo las nubes
caían en formas de pétalos azules
rojos y neón? Yo recuerdo aquella
vez que le quité la cabeza a una muñeca

y le puse una de bufón.

Yo me acuerdo de una señora a la que
le salió tierra de la lengua, que siempre
usó pestañas postizas, que anduvo jugando
con los genes, y que yo le dí una paliza.

¿Te acuerdas tú de esa puerta que lloraba?
Yo recuerdo en la pared de cemento como
rostros se dibujaban, y a cubetazos de criolina
los desbarataba…Como ese cuento que
canta ese hombre en puentes urbanos
envueltos de esperpentos.


Anda, cede un poco y hazme aquel
Collar de ceniza.



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Última edición:
Surreal, fantástico, nostálgico, mágico... No sé, demasiados motes podrían dársele a este ejercicio tuyo con la pluma. Un álbum digno de presumirse, tanto así como para volverlo música, o acompañamiento mientras se huye en un camión sin rumbo conocido. Traer de vuelta a los nombres de las viejas escrituras y dárles continuidad, es algo que me ha gustado. Hacer a nuestra medida la historia religiosa y hacer religión aquello que nos mata. Interesante, muy interesante y evocador.

Saludos compañera.
 
¿Te acuerdas tú del entre tiempo?
de las risas que vagaban en ese universo
paralelo, de cuando las figuras de cera
y de hielo se fusionaban y formaban
otras de acero.

Hoy el sol está humedeciéndose en
algún patio trasero, con un tejabán
rojizo despintado, entre muebles rotos
y viejos, con platos donde un día comió
un perro que ha muerto.

También ahora el cielo se mudo de casa
alquiló una más chica en el norte del
lineamiento, las estrellas se cotizaron
a la baja, se quedaron varadas en un local
de comercio.

Adán y Eva buscan de nuevo un departamento
que no esté amueblado, pero que tampoco
sea demasiado moderno, no están acostumbrados
a ver muchas cosas, están siempre al pie del
exódo.

Caín me contó el otro día por teléfono
que sus plantas están hermosas llenas
de plagas y que de vez en cuando él
se hace un hermano de felpa, y juega
que va por él al colegio.

Abel, trabaja en un taller de costurero
donde fabrican disfraces de mariposas
ahí van las viudas negras, lagartijas, cucarachas
y también algunas ratas que quieren lucir
preciosas.

Conozco de una vieja, de una anciana
a quien la hija la deja a la deriva, la anciana
se pone a conversar con la barda que da la
ventana contigua, le dice acerca del tumor
en el cerebro, mientras se pone a crear formas
con las costras de mugre que ella lleva en las
manos, y luego, cuando la hija llega, la vieja
se pone muerta, se desconecta el corazón y la
hija ingenua, hace que lo lava, el marido saca
los paquetes del escondrijo, para dárselos a la
hija de la vieja, le hace miles de acertijos.

Lilith era mi vecina, yo le pagaba la
renta, platicábamos largas horas
nunca me tomò mi sangre a cuenta
luego conocí a un tal Jesús, muy arrogante
por cierto, siempre me cayó mal, pero
se daba él golpes de pecho, Jesús y yo
éramos vecinos de barrio, aunque siempre
estaba serio, un día le pedí azúcar, el muy
ingrato me dio arsénico.


¿Te acuerdas tú de cómo las nubes
caían en formas de pétalos azules
rojos y neón? Yo recuerdo aquella
vez que le quité la cabeza a una muñeca
y le puse una de bufón.

Yo me acuerdo de una señora a la que
le salió tierra de la lengua, que siempre
usó pestañas postizas, que anduvo jugando
con los genes, y que yo le dí una paliza.

¿Te acuerdas tú de esa puerta que lloraba?
Yo recuerdo en la pared de cemento como
rostros se dibujaban, y a cubetazos de criolina
los desbarataba…Como ese cuento que
canta ese hombre en puentes urbanos
envueltos de esperpentos.

Anda, cede un poco y hazme aquel
Collar de ceniza.




Es lo tuyo el surrealismo del desencanto, querida Dark,
la magia de la abnegación a pesar de todo;
el último jugo del amor por el otro,
el continuar la vida aunque sea sin sonrisas,
porque lo importante todavía está allí,
detrás de esa bambalina de iniquidades,
está tu corazón grande y la razón de tu existir...
un abrazo enorme,
Eduardo.
 
Me gusta mucho tu poema, la manera en que señalas los personajes y cómo narras cada episodio. Eres una excelente escritora! un beso.
 
Es una interesante postal de un barrio anónimo la que usted pinta, Dark fairy. Es grato volver a pasar por sus escritos.
Un saludo,


Child of the grave.
 
Alejandra, genial. Un graffiti poético de la gran ciudad. Pinceladas que nos describen vivencias y sentimientos. Lo aplaudo.
En rojo las dudas.

[FONT=&quot]Abrazos [FONT=&quot]
[FONT=&quot]Chepeleón


¿Te acuerdas tú del entre tiempo?
de las risas que vagaban en ese universo
paralelo, de cuando las figuras de cera
y de hielo se fusionaban y formaban
otras de acero.

Hoy el sol está humedeciéndose en
algún patio trasero, con un tejabán
rojizo despintado, entre muebles rotos
y viejos, con platos donde un día comió
un perro que ha muerto.

También ahora el cielo se mudo de casa
alquiló una más chica en el norte del
lineamiento, las estrellas se cotizaron
a la baja, se quedaron varadas en un local
de comercio.

Adán y Eva buscan de nuevo un departamento
que no esté amueblado, pero que tampoco
sea demasiado moderno, no están acostumbrados
a ver muchas cosas, están siempre al pie del
[FONT=&quot]éxodo.

Caín me contó el otro día por teléfono
que sus plantas están hermosas llenas
de plagas y que de vez en cuando él
se hace un hermano de felpa, y juega
que va por él al colegio.

Abel, trabaja en un taller de costurero
donde fabrican disfraces de mariposas
ahí van las viudas negras, lagartijas, cucarachas
y también algunas ratas que quieren lucir
preciosas.

Conozco de una vieja, de una anciana
a quien la hija la deja a la deriva, la anciana
se pone a conversar con la barda que da la
ventana contigua, le dice acerca del tumor
en el cerebro, mientras se pone a crear formas
con las costras de mugre que ella lleva en las
manos, y luego, cuando la hija llega, la vieja
se pone muerta, se desconecta el corazón y la
hija ingenua, hace que lo lava, el marido saca
los paquetes del escondrijo, para dárselos a la
hija de la vieja, le hace miles de acertijos.

Lilith era mi vecina, yo le pagaba la
renta, platicábamos largas horas
nunca me tomò mi sangre a cuenta
luego conocí a un tal Jesús, muy arrogante
por cierto, siempre me cayó mal, pero
se daba él golpes de pecho, Jesús y yo
éramos vecinos de barrio, aunque siempre
estaba serio, un día le pedí azúcar, el muy
ingrato me dio arsénico.


¿Te acuerdas tú de cómo las nubes
caían en formas de pétalos azules
rojos y neón? Yo recuerdo aquella
vez que le quité la cabeza a una muñeca
y le puse una de bufón.

Yo me acuerdo de una señora a la que
le salió tierra de la lengua, que siempre
usó pestañas postizas, que anduvo jugando
con los genes, y que yo le dí una paliza.

¿Te acuerdas tú de esa puerta que lloraba?
Yo recuerdo en la pared de cemento como
rostros se dibujaban, y a cubetazos de creolina
los desbarataba…Como ese cuento que
canta ese hombre en puentes urbanos
envueltos de esperpentos.

Anda, cede un poco y hazme aquel
Collar de ceniza.


 
mi niña...he disfrutado mucho su escrito...su texto es magicamente cotidiano, a pesar del surrealismo impreso...encantado de visitarla...un abrazo infinito...
 

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