jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
más o menos por la fecha en
que terminé de construir la casa
donde supuestamente íbamos a
vivir por siempre, una vez que nos
casáramos, ella me dijo que lo
que sentía por mí no tenía ya
nada que ver con el amor;
sencillamente me había dejado
de querer y pensaba que más
valía que cada uno siguiera
su propio camino;
luego se regresó a su pueblo
y ya no he vuelto a saber nada
de la muy cabrona
yo de plano tuve que salirme
del apartamento donde hasta
entonces vivíamos: no soportaba
seguirla viendo en cada rincón
y en el techo y hasta debajo
de las pinches macetas del balcón;
así que renté un cuartucho en un
edificio habitado en su mayoría
por putas y cabroncetes que
las manejan; y todos los días me
paso llorando y tomando café y
no es raro que alguna putilla o 2
me acompañe y se emborrache
conmigo y a veces hasta deje que
me la coja: no es raro; lo raro es
que también ellas lloran, y casi
siempre más que yo
así que, si ella está allá en su rancho,
y yo vivo en este hotelucho de mierda,
tiene que ser mi amor, ese gran amor
pendejo que me inspiró, ese amor
muerto en vida, el que produce esos
extraños ruidos como gemidos de
un animal agonizante, que la gente
dice que oye algunas noches detrás
de las paredes de esa casa nueva
que me jodí construyendo y en la que
no vive nadie
.
que terminé de construir la casa
donde supuestamente íbamos a
vivir por siempre, una vez que nos
casáramos, ella me dijo que lo
que sentía por mí no tenía ya
nada que ver con el amor;
sencillamente me había dejado
de querer y pensaba que más
valía que cada uno siguiera
su propio camino;
luego se regresó a su pueblo
y ya no he vuelto a saber nada
de la muy cabrona
yo de plano tuve que salirme
del apartamento donde hasta
entonces vivíamos: no soportaba
seguirla viendo en cada rincón
y en el techo y hasta debajo
de las pinches macetas del balcón;
así que renté un cuartucho en un
edificio habitado en su mayoría
por putas y cabroncetes que
las manejan; y todos los días me
paso llorando y tomando café y
no es raro que alguna putilla o 2
me acompañe y se emborrache
conmigo y a veces hasta deje que
me la coja: no es raro; lo raro es
que también ellas lloran, y casi
siempre más que yo
así que, si ella está allá en su rancho,
y yo vivo en este hotelucho de mierda,
tiene que ser mi amor, ese gran amor
pendejo que me inspiró, ese amor
muerto en vida, el que produce esos
extraños ruidos como gemidos de
un animal agonizante, que la gente
dice que oye algunas noches detrás
de las paredes de esa casa nueva
que me jodí construyendo y en la que
no vive nadie
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