A Verd
Poeta recién llegado
No me llores, me dijiste
con voz de centro y piedra;
tus lágrimas no resisten
cuando el alma está por dentro.
Yo miraba tus dos manos,
tan ajenas y tan mías,
limpias de un tiempo ajado,
grabadas de lo que hería.
No me llores, me dijiste,
decía cosas sin rima,
como un código en la arena.
Te envolvía su neblina.
La señal que se envenena
ya no traduce el viento.
¿Quién querría una canción
cuando falla la garganta?
Las rosas, si no las miras,
se pliegan con voz callada.
Tú no mirabas... Y yo
tampoco cómo mirarlas.
en voz baja para recordar lo que era sentir
Casi alma
con voz de centro y piedra;
tus lágrimas no resisten
cuando el alma está por dentro.
Yo miraba tus dos manos,
tan ajenas y tan mías,
limpias de un tiempo ajado,
grabadas de lo que hería.
No me llores, me dijiste,
decía cosas sin rima,
como un código en la arena.
Te envolvía su neblina.
La señal que se envenena
ya no traduce el viento.
¿Quién querría una canción
cuando falla la garganta?
Las rosas, si no las miras,
se pliegan con voz callada.
Tú no mirabas... Y yo
tampoco cómo mirarlas.
en voz baja para recordar lo que era sentir
Casi alma
O dijiste
algo que no supe oír
y tu voz venía gris
y venía
El humo
como forma
de huir.
Tu gesto se volvió sombra
código sin porvenir
que el tacto no descifró
que el amor
Guardé frases como fallos
sin abrir
¿Quién quería una canción
Las rosas, sin coordenadas,
y sin recordar más
Tú no estabas. Ni era yo
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