A mariposa
Te voy construyendo a trozos de azúcar
en los límites de mi piel de abeja.
Posiblemente tú me reconoces;
sueñas y vives en la misión imposible por amar.
Yo atrapo tu soledad de transeúnte,
ésa que parece un tigre herido,
para no dar motivos a una habitación vacía,
para no dar motivos a que se te desprenda el alma.
Yo te reconozco en el filo
de mis dedos de abeja laboriosa.
Siempre has debido de estar ahí, esperando,
aun cuando mi mundo era una balsa
de lava ardiente;
mi destino ya te conocía detrás
de unos pies en la arena-huellas de un sentir sabido-.
Te voy construyendo a sorbos de luces
entre el prisma intacto del vidrio de mi ventana.
Tú simplemente seas el todo,
lo único,
ése que te deja huérfano cuando
cambia de rumbo en otros puertos,
con otros barcos llenos de personas.
Quiero construirte en la brisa que se acerca
cuando me amas.