Marah
Poeta que considera el portal su segunda casa
Catherine, era una niña muy hermosa, de ojos azules, pelo castaño, tez sonrosada y sonrisa de mariposas. Era muy conocida en el barrio porque siempre de mañana iba al prado a recoger flores silvestres.
Una tarde recién llegada la primavera, luego de pedir permiso a su mamá para hacer la jornada matutina como acostumbraba, la madre le respondió:
_Sí, anda ve y me trae un ramo de amapolas para poner de adorno.
Fue así que a Catherine se le vio vagar por el prado confundiéndose su figurita con la mariposa misma. Pero esta vez no se le vio arrancar ni una sola flor.
Al regresar al hogar le entregó a su madre la cesta y le dijo.
_Ahí está el encargo, madre.
La madre miró la cesta y al ver que en lugar de flores habían semillas silvestres dijo:
_¡Pero no son flores son semillas!
_Disculpa madre _dijo Catherine_. Cada vez que iba a arrancar una flor
sentía una voz que me decía: _¡No hagas eso. Al coger una flor es como si le arrancaras el corazón a las plantas y pueden morir de tristeza!
Por eso decidí recoger las semillas regadas por el suelo. Porque lo más hermoso para mí es ver a los árboles en todo su esplendor, en toda su alegría.
_¿Esa voz quien era? _preguntó la madre.
_Tal vez el loro, tal vez el río o las flores mismas ¡quién sabe! _respondió Catherine. Y sacando de la jaba todas las semillas terminó diciendo :
_También de las semillas silvestres se hacen bellos ramos y otros adornos.
Y para que no te asombres, hija y madre hicieron el más bello ramo artesanal de semillas silvestres.
A partir de entonces Catherine dedicaba su tiempo libre a fabricar objetos artesanales que se vendían en el mundo entero. Y se hizo muy famosa.
Mariluz Reyes Fernández
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