iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un cauce de sangre,
de órganos donados a la aristocracia
que gemirá nuestros rancios dolores
pariéndolos con su boca de perfectas mentiras.
Arroyo de coágulos linfáticos
donde se han bañado las noches,
conservando la frescura de su piel pantera,
imitación de sacrificio azteca.
Daga de oro que abre el tórax y saca entrañas.
Tatuajes desgarrados en pieles ajenas,
inscripciones del fino salvajismo,
de la brutalidad de la Bestia disfrazada.
Un mar de estruendosa sangre derramada,
olas que ahogaran la esperanza,
devorarán estos tiburones las piernas
que tratan de salvarse, tocar la playa.
No se puede nadar,
sólo queda
contener la respiración
y suplicar morir
lo más rápido que se pueda.
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