Evelyn21
Poeta que no puede vivir sin el portal
¿Qué pasa si se le hace agujeros a la razón?
¿Sera bueno aferrarse a la terquedad?
¿Sencillo o complejo?
¿elaborado?
O tal vez. . . ¿Suelto?
La posibilidad inconcreta del acontecer ecuánime desesperativo,
es solo una fantasía caótica que se derrama pueril y ávida,
por la yema de los dedos.
Escurriéndose acuden por las cavidades convulsas de las venas,
los bautizados sentimientos.
Falacias acrecentadas que se cocinan al mismo fuego
donde se hornean los sueños.
Falacias acrecentadas que se cocinan al mismo fuego
donde se hornean los sueños.
Burbujas seductoras. . .Claras. . . ¡Brillantes!
que se desprenden de las noches y los días venideros.
¿Podemos vivir de espejismos?
Si fuera así. . .
¿Por cuánto tiempo?
La eternidad no es mas que una discriminación temporal mal encausada,
por una mente poco calculadora que mas que pensar se decide a sentir,
sin querer pararle a la razón y al maldito discernimiento.
Aunque al final siempre termina haciéndolo.
¿O es que acaso alguien ya encontró el botón donde se apague el bendito cerebro?
Entre más diseccionada este la emoción
más caminos telañarosos se enroscaran alrededor del corazón,
para al final. . . Ahogarlo.
Aquel que dijo quien piensa pierde no se equivocaba en nada,
pues cada vez que se gesta una idea,
que se remuerde,
que se saborea y se degusta sin cesar,
se vuelve una comida diaria adictiva colada hasta los huesos,
que tarde o temprano se graba a fuego en el alma,
creando la cicatriz mas grande de inconsciencia razonada.
Es allí cuando efectivamente enloquecemos y somos unos locos cuerdos.
Enfundados en razones,
poderosos nos sentimos,
construimos aquellos castillos de naipes,
que apenas se terminan ya se vienen derrumbando.
No digo que tener ilusiones es malo, solo. . . Terriblemente doloroso.
Y. . .
No porque no se cumplan. . .
Porque muchas veces. . .
¡Lo hacen!. . .
Pero. . .
Es allí. . .
¡Donde terminamos de perder todo sentido de proporción!
La dicha misma de la ilusión cumplida, se convierte en aquel cruel ejecutor.
Verdugo ensimismado del latir desbocado,
culmen inexacto de la dulzura y la pasión.
Cegados vendrán los celos,
los olvidos y la indecisión.
La felicidad siempre presente, de la mano sonriente, de la hermosa desesperación.
Si la ansiedad en las ausencias
se sienta tan presta
al lado de la ingesta de la melancolía y el descontrol.
¿Dónde queda la mancillada escena de lo que todos esgrimimos como el gran amor?