DRYELL
Poeta fiel al portal
I.
El poniente consuma su obra
alargando las siluetas por doquier:
macilentas bailarinas cuyo mutismo me aborda .
tristes y lánguidas formas, invitándome a caer.
Cayó el telón del escenario ya muerto,
con su danza peregrina desvestida de color.
Fuente de acibares que desgarro este silencio,
Y concluyó toda hora, en su cadalso de horror.
El aliento se fugó con el blandir del ocaso;
bajo el añil enardecido y el clamor de aquel momento,
sobre las cumbres de malva de mis anhelos truncados
Y en el plañir disonante de mis agónicos versos
¡Se marcharon! ¡ya murieron!
-aquellos sueños dorados
El erial de los tiempos les resguardo maniatados.
Si brotaron ¡no crecieron!
en pleno albor marchitaron
tan sólo restan vestigios de lo jamás consumado.
II.
El poniente ha consumado su obra evocando los difusos,
plasmando el trinar de las aves en los minutos desiertos
Tiempo de zozobra,
de sentimientos abstrusos,
brote de la noche y de interior encuentro.
Tras uno o dos suspiros he llegado al suelo
cautivo de mí peso,
desnudo de esencia,
-como las hojas resecas que ha de derribar el viento
y el fruto acebado que busca la tierra.
Ha de ser mi otoño en el ocaso,
y el momento de fundir:
-el ser, la sombra y el agua.
De abandonarme en la nada y su inerte regazo
y fenecer en silencio hasta el retorno del alba.