Sira
Poeta fiel al portal
Cazadores de hombres
No pude dejarte marchar en su día.
Ni tampoco encuentro solaz alguno,
mientras trato de lamer mis heridas.
Este calor febril, este instinto lobuno
me instiga y me fustiga; no conoce
asueto ni tregua, ya sea en tiempos
de ficticia paz o entre ominosos,
retumbantes tambores de guerra.
Un espectro de figura esbelta
se acuesta cada noche a mi vera…
y sé que, aun cuando no busque
su mirada líquida y fiera,
son tus ojos oscuros los que me
siguen acariciando entre tinieblas.
Sé que nunca escaparé de tu embrujo.
Sé que la libertad ya es para mí
una taimada e indeseable quimera.
Por eso, si no he conseguido olvidarte hasta ahora,
seré yo quien te daré caza hasta que vuelvas.
No pude dejarte marchar en su día.
Ni tampoco encuentro solaz alguno,
mientras trato de lamer mis heridas.
Este calor febril, este instinto lobuno
me instiga y me fustiga; no conoce
asueto ni tregua, ya sea en tiempos
de ficticia paz o entre ominosos,
retumbantes tambores de guerra.
Un espectro de figura esbelta
se acuesta cada noche a mi vera…
y sé que, aun cuando no busque
su mirada líquida y fiera,
son tus ojos oscuros los que me
siguen acariciando entre tinieblas.
Sé que nunca escaparé de tu embrujo.
Sé que la libertad ya es para mí
una taimada e indeseable quimera.
Por eso, si no he conseguido olvidarte hasta ahora,
seré yo quien te daré caza hasta que vuelvas.