¡Céfiro, torna!
(soneto)
¡Céfiro, torna! ¡Viento, asciende y gira,
helicoidales fuegos arrastrando
en vendaval de ideas que van dando
a la forma, materia; al hielo, pira!
¡Ráfaga cerebral, vórtice blando,
de parco razonar, de terca espira,
que cuanto más discurre, más delira,
si no al llorar, al escribir, cantando!
Pero el aire voló mi primavera;
barrió en mi alma versos marchitados,
estrofas arrugadas y vacías.
Blanco papel, mirada lastimera
hacia un azar de azules enredados
en brisas muertas y tristezas frías.
Nota. Este soneto, que es en realidad un ejercicio de manejo de la tensión, está inspirado en el madrigal Zefiro torna del músico Claudio Monteverdi (1567-1643), composición recogida en su noveno libro de madrigales. El texto de este madrigal es un soneto de Ottavio Rinuccini (1562-1621), Zefiro torna e di soavi accenti, que recupera y versiona otro soneto de Petrarca, Zephiro torna, e ’l bel tempo rimena (nº310 del Canzoniere) puesto también en música previamente por Monteverdi en su sexto libro de madrigales.
Mi soneto, que habla sobre el proceso de la creación poética, desde los momentos de inspiración fulgurante a la terrible ausencia de las musas, si bien toma algunos elementos de ambos textos, se inspira fundamentalmente en la música de Monteverdi para el poema de Rinuccini: una canción llena de sabios figuralismos musicales que intentan imitar los graciosos movimientos del aire con recursos como las síncopas, los largos melismas, las imitaciones... hasta llegar a los graves acentos y cromatismos para describir el amargo lamento final del poeta que lo mismo llora que canta. Una pequeña obra maestra de uno de mis más admirados músicos. La enlazo aquí en una versión muy bien ejecutada por un conjunto especializado en música antigua, Les Arts Florissants, bajo la dirección de William Christie:
(soneto)
¡Céfiro, torna! ¡Viento, asciende y gira,
helicoidales fuegos arrastrando
en vendaval de ideas que van dando
a la forma, materia; al hielo, pira!
¡Ráfaga cerebral, vórtice blando,
de parco razonar, de terca espira,
que cuanto más discurre, más delira,
si no al llorar, al escribir, cantando!
Pero el aire voló mi primavera;
barrió en mi alma versos marchitados,
estrofas arrugadas y vacías.
Blanco papel, mirada lastimera
hacia un azar de azules enredados
en brisas muertas y tristezas frías.
Nota. Este soneto, que es en realidad un ejercicio de manejo de la tensión, está inspirado en el madrigal Zefiro torna del músico Claudio Monteverdi (1567-1643), composición recogida en su noveno libro de madrigales. El texto de este madrigal es un soneto de Ottavio Rinuccini (1562-1621), Zefiro torna e di soavi accenti, que recupera y versiona otro soneto de Petrarca, Zephiro torna, e ’l bel tempo rimena (nº310 del Canzoniere) puesto también en música previamente por Monteverdi en su sexto libro de madrigales.
Mi soneto, que habla sobre el proceso de la creación poética, desde los momentos de inspiración fulgurante a la terrible ausencia de las musas, si bien toma algunos elementos de ambos textos, se inspira fundamentalmente en la música de Monteverdi para el poema de Rinuccini: una canción llena de sabios figuralismos musicales que intentan imitar los graciosos movimientos del aire con recursos como las síncopas, los largos melismas, las imitaciones... hasta llegar a los graves acentos y cromatismos para describir el amargo lamento final del poeta que lo mismo llora que canta. Una pequeña obra maestra de uno de mis más admirados músicos. La enlazo aquí en una versión muy bien ejecutada por un conjunto especializado en música antigua, Les Arts Florissants, bajo la dirección de William Christie:
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