Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
No mires ahora, todavía no mires, no verás lo que veo,
un púlpito sagrado repleto de ira, y deseo,
tus manos felices de estar rojas de pasión y sangre,
mis ojos perplejos ante tal diversidad y ensamble,
soy todo ojos, perdón, todo oídos,
mi voz temblorosa de ira, pasión, celos y amor me tiene el alma y el cuerpo roídos.
Veo mi ceguera en ese fondo de mar,
ese obscuro lugar de citas clandestinas entre moluscos y peces,
más veces que lo quisiera el consejo de aguas,
pero ahí está, sonriendo de placer, mirando las fraguas,
una mano, sí, un hombro también, unas manos que frotan la sangre pegada,
me miras buscando una palabra cálida, unas miradas diseminadas,
y entro yo,
el malsano sepulcro de tus noches,
el hombre que te sigue en cien reproches, que te agobian y te irritan,
pero buscas con agonía, que te bebe y te descansa,
que te abraza, y te entrelaza,
y al final te abraza, mujer de noche,
pues te espero cada día,
y te encierro cada noche.
un púlpito sagrado repleto de ira, y deseo,
tus manos felices de estar rojas de pasión y sangre,
mis ojos perplejos ante tal diversidad y ensamble,
soy todo ojos, perdón, todo oídos,
mi voz temblorosa de ira, pasión, celos y amor me tiene el alma y el cuerpo roídos.
Veo mi ceguera en ese fondo de mar,
ese obscuro lugar de citas clandestinas entre moluscos y peces,
más veces que lo quisiera el consejo de aguas,
pero ahí está, sonriendo de placer, mirando las fraguas,
una mano, sí, un hombro también, unas manos que frotan la sangre pegada,
me miras buscando una palabra cálida, unas miradas diseminadas,
y entro yo,
el malsano sepulcro de tus noches,
el hombre que te sigue en cien reproches, que te agobian y te irritan,
pero buscas con agonía, que te bebe y te descansa,
que te abraza, y te entrelaza,
y al final te abraza, mujer de noche,
pues te espero cada día,
y te encierro cada noche.
::