Antonio González
Poeta recién llegado
la luna lunera, casabelera,
miraba a los amantes
y loca de celos
con la tierra se eclipsaba
y apagaba sus lamentos.
La distancia le detiene,
no sabe como acortarla
y mientras tanto allá abajo
los amantes que no paran.
Ya se cansó de los celos,
ya de tanta luna casta,
y se lanzó por el cielo
hasta llegar a su casa.
Allí se produjo un choque
de una fuerza inusitada,
que provocó un gran cráter
bajo el que no quedó nada,
solo cuerpos ahora inermes,
sólo lágrimas y almas.
No hay nada ya bajo ella:
ni su amado, ni su casa.
La luna se retira triste,
no contaba con su masa,
ella creía en su magia,
esa que desde la tierra
le achacan al mirarla
y pensando que flotaría,
que no pasaría nada,
quería hacerlo suya
para regresar luego a casa.
Al final ese regreso
fue difícil sin su amado
y herida por la rabia,
además de muy maltrecha
debido a la costalada,
lloraba la luna al volverse
y viajando aún lloraba,
pero más lágrimas cayeron
cuando desde el cielo
vio las cosas que fueron:
su casa miró de nuevo
y no pudo ver su casa
pues con su acto irreflexivo
todo quedó destruido
y sin él no queda nada.
Ahora le llegan los gritos
de toda la especie humana:
vete ya luna lunera,
vete ya de nuestras almas
márchate lejos, muy lejos
a otras constelaciones
desde donde tu luz nos llegue
dentro de algunos eones.
vete ya luna envidiosa,
vete ya luna celosa,
has matado miles de flores
para tener una rosa.
Ya no queremos mirarte
en las noches de luna clara,
preferimos que las noches
no tengan luna ni nada
para en luto riguroso
recordar al que amabas
y a todos los demás hombres
que aseseinaste por nada
pues nada podría ser tuyo
en esta tierra de almas.
miraba a los amantes
y loca de celos
con la tierra se eclipsaba
y apagaba sus lamentos.
La distancia le detiene,
no sabe como acortarla
y mientras tanto allá abajo
los amantes que no paran.
Ya se cansó de los celos,
ya de tanta luna casta,
y se lanzó por el cielo
hasta llegar a su casa.
Allí se produjo un choque
de una fuerza inusitada,
que provocó un gran cráter
bajo el que no quedó nada,
solo cuerpos ahora inermes,
sólo lágrimas y almas.
No hay nada ya bajo ella:
ni su amado, ni su casa.
La luna se retira triste,
no contaba con su masa,
ella creía en su magia,
esa que desde la tierra
le achacan al mirarla
y pensando que flotaría,
que no pasaría nada,
quería hacerlo suya
para regresar luego a casa.
Al final ese regreso
fue difícil sin su amado
y herida por la rabia,
además de muy maltrecha
debido a la costalada,
lloraba la luna al volverse
y viajando aún lloraba,
pero más lágrimas cayeron
cuando desde el cielo
vio las cosas que fueron:
su casa miró de nuevo
y no pudo ver su casa
pues con su acto irreflexivo
todo quedó destruido
y sin él no queda nada.
Ahora le llegan los gritos
de toda la especie humana:
vete ya luna lunera,
vete ya de nuestras almas
márchate lejos, muy lejos
a otras constelaciones
desde donde tu luz nos llegue
dentro de algunos eones.
vete ya luna envidiosa,
vete ya luna celosa,
has matado miles de flores
para tener una rosa.
Ya no queremos mirarte
en las noches de luna clara,
preferimos que las noches
no tengan luna ni nada
para en luto riguroso
recordar al que amabas
y a todos los demás hombres
que aseseinaste por nada
pues nada podría ser tuyo
en esta tierra de almas.