Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Fúmame
llévate en este aliento mi sabor
mientras dejas el pudor
guardado bajo la cama,
al lado de la bata
que olvidaste ayer.
Conviérteme en tu droga favorita
no dejes ni un centímetro de duda
desde hoy llámame tu fruta
tu cena pervertida,
que me excita tenerte aquí.
Nadie como tú
tiene el derecho o la virtud
de antojarse conmigo,
tomo como centro del mundo tu ombligo
y desde ahí nos comenzamos a divertir.
Y qué importa si la noche dura un poco más
o si amanece más temprano,
tomémonos mañana un feriado
que noto que te empiezo a gustar.
Y qué importa que haya trabajo pendiente
luego nos pondremos al corriente,
cuando descansemos de besarnos
no quedarán más que dos labios
unidos para siempre.
Metáforas más, palabras menos
dejemos en la libreta apartado todo un mes
y simplemente dejémonos perder
que puede que encajemos
el amor con la locura y el placer.
Dime desde cuándo fumas mi malicia
y te diré que yo también
soy culpable de fumarme tus caricias
soy culpable de soñarte todo el día
y de no dejarte parar de estremecer.
De postre te ofrezco mi sonrisa
y si se te antoja algo en la mesa
quítame ahí mismo la camisa
que tus ojos tienen mirada de traviesa
y ahí también podemos comer.
llévate en este aliento mi sabor
mientras dejas el pudor
guardado bajo la cama,
al lado de la bata
que olvidaste ayer.
Conviérteme en tu droga favorita
no dejes ni un centímetro de duda
desde hoy llámame tu fruta
tu cena pervertida,
que me excita tenerte aquí.
Nadie como tú
tiene el derecho o la virtud
de antojarse conmigo,
tomo como centro del mundo tu ombligo
y desde ahí nos comenzamos a divertir.
Y qué importa si la noche dura un poco más
o si amanece más temprano,
tomémonos mañana un feriado
que noto que te empiezo a gustar.
Y qué importa que haya trabajo pendiente
luego nos pondremos al corriente,
cuando descansemos de besarnos
no quedarán más que dos labios
unidos para siempre.
Metáforas más, palabras menos
dejemos en la libreta apartado todo un mes
y simplemente dejémonos perder
que puede que encajemos
el amor con la locura y el placer.
Dime desde cuándo fumas mi malicia
y te diré que yo también
soy culpable de fumarme tus caricias
soy culpable de soñarte todo el día
y de no dejarte parar de estremecer.
De postre te ofrezco mi sonrisa
y si se te antoja algo en la mesa
quítame ahí mismo la camisa
que tus ojos tienen mirada de traviesa
y ahí también podemos comer.
Última edición: