España, país desafortunado,
Soñó con ser Cenicienta
Que príncipe de su olvido la sacara
Y se quedó en Lechera
Llorando por la leche derramada.
No hubo invitación al baile
Y si la hubo,
Fue para que los platos fregara.
Desde el inicio al final,
Los que tiran de los hilos
Tanto tensaron la madeja
Que el tejado se quedó sin tejas.
¿A dónde paró tu gloria?
¿Quién se llevó tu dinero?
Aquellos que te dijeron
Que eras la belleza del reino;
Que te creíste de la nobleza,
Que se te subió el orgullo al cuerpo,
Que con otros países de más abolengo
Quisiste pasear luciendo tus joyas al cuello,
Sólo para ver como te las despojaban luego
Por no reconocer tu lugar,
Por no reconocer tu puesto.
Oíste los halagos de tus falsarios consejeros
Y para nada te detuviste
En pensar tus movimientos,
Creyendo que la verdad y la honradez
Iban con el cargo que portaban
Estos grajos hambrientos
A los que nunca importó nada
Salvo su propio pellejo.
Crédula, ignorante España,
Dejaste entrar al zorro
Dentro de tu gallinero
Y arrasó con el futuro
Mientras sus bigotes relamía
Pensando, lo fácil y tonta,
Que a sus garras te exponías.
No percibiste las ratas
Que se paseaban todo ufanas;
No te chocaron sus promesas
A cual más falsa
Ni en que como perros rabiosos
Por un mendrugo luchaban
Para llevarse el mejor bocado
Y a ti en los huesos te dejaban.
Ahora, de una mendiga
Es tu imagen,
Suplicando a los que un día
Imaginaste tus hermanos
Que sus dádivas te arrojen
A tu mohosa alcancía.
Y esos cuartos que te echan,
¿a dónde irán a parar?.
¡Ay, Cenicienta de alpargatas!
¡A los chulos que desde siempre
Te maltratan,
A esos que te hacen mimos,
Para al instante
Robártelo todo,
A esos que siempre te nombran,
Pero que muy rara vez
Te aprecian
Y que nunca te honran!.
Soñó con ser Cenicienta
Que príncipe de su olvido la sacara
Y se quedó en Lechera
Llorando por la leche derramada.
No hubo invitación al baile
Y si la hubo,
Fue para que los platos fregara.
Desde el inicio al final,
Los que tiran de los hilos
Tanto tensaron la madeja
Que el tejado se quedó sin tejas.
¿A dónde paró tu gloria?
¿Quién se llevó tu dinero?
Aquellos que te dijeron
Que eras la belleza del reino;
Que te creíste de la nobleza,
Que se te subió el orgullo al cuerpo,
Que con otros países de más abolengo
Quisiste pasear luciendo tus joyas al cuello,
Sólo para ver como te las despojaban luego
Por no reconocer tu lugar,
Por no reconocer tu puesto.
Oíste los halagos de tus falsarios consejeros
Y para nada te detuviste
En pensar tus movimientos,
Creyendo que la verdad y la honradez
Iban con el cargo que portaban
Estos grajos hambrientos
A los que nunca importó nada
Salvo su propio pellejo.
Crédula, ignorante España,
Dejaste entrar al zorro
Dentro de tu gallinero
Y arrasó con el futuro
Mientras sus bigotes relamía
Pensando, lo fácil y tonta,
Que a sus garras te exponías.
No percibiste las ratas
Que se paseaban todo ufanas;
No te chocaron sus promesas
A cual más falsa
Ni en que como perros rabiosos
Por un mendrugo luchaban
Para llevarse el mejor bocado
Y a ti en los huesos te dejaban.
Ahora, de una mendiga
Es tu imagen,
Suplicando a los que un día
Imaginaste tus hermanos
Que sus dádivas te arrojen
A tu mohosa alcancía.
Y esos cuartos que te echan,
¿a dónde irán a parar?.
¡Ay, Cenicienta de alpargatas!
¡A los chulos que desde siempre
Te maltratan,
A esos que te hacen mimos,
Para al instante
Robártelo todo,
A esos que siempre te nombran,
Pero que muy rara vez
Te aprecian
Y que nunca te honran!.