danie
solo un pensamiento...
Llueve fuera y dentro de la ventana,
llueve rayos y centellas, horas de insomnios largos.
Los fantasmas hacen extensos paseos
del jardín a la alcoba del pecado.
Hay una ciudad latiendo que nos mira con asco,
hay una borroneada mueca, pérdida de deseo humano,
hay un abecedario silencioso
que germinó en la muda conjetura
de lo inhabitado.
En las paredes se tallan las runas,
los estigmatizados olvidos,
las palabras de los niños de espinas y barro,
las procesiones y las marchas del exilio de los años.
En un tiempo la sangre se hizo un verbo de fuego,
los sueños se volvieron el motor del cielo.
Hoy sólo quedan de ellos
la censura como una sombra amarga
que nos ata
a una esquina, nos ata de pies y manos, y
corta nuestras lenguas
para que ya no digamos nada.
llueve rayos y centellas, horas de insomnios largos.
Los fantasmas hacen extensos paseos
del jardín a la alcoba del pecado.
Hay una ciudad latiendo que nos mira con asco,
hay una borroneada mueca, pérdida de deseo humano,
hay un abecedario silencioso
que germinó en la muda conjetura
de lo inhabitado.
En las paredes se tallan las runas,
los estigmatizados olvidos,
las palabras de los niños de espinas y barro,
las procesiones y las marchas del exilio de los años.
En un tiempo la sangre se hizo un verbo de fuego,
los sueños se volvieron el motor del cielo.
Hoy sólo quedan de ellos
la censura como una sombra amarga
que nos ata
a una esquina, nos ata de pies y manos, y
corta nuestras lenguas
para que ya no digamos nada.
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