Cerrada la puerta tras el silencio de la despedida y el descartado reencuentro, se vio nuevamente solo. Desambiguado, en un pase de mutismo, sintiendo que la lengua se pegaba al paladar y las arcadas propias de las náuseas infringidas por el temor.
Una maleta en la mano, un bulto de ropa al hombro y toda su historia en un legajo.
El certificado de divorcio le entregaba cierta libertad, pero a su vez era la constancia de un fracaso apabullante, sordo e inmediato.
Ahora no quedaba otro recurso sino seguir. Seguir andando. Remar en otras aguas y atracar en otros apeaderos. Para motivarse de una forma definitiva solo le restó quemar las barcas del ayer.
La sombra de su árbol, ahora ajena, pareció despedirlo con una brisa tierna, perfecta y oportuna.
Cerrada la puerta y entregada la llave. Un suspiro y la libertad por delante.
Una maleta en la mano, un bulto de ropa al hombro y toda su historia en un legajo.
El certificado de divorcio le entregaba cierta libertad, pero a su vez era la constancia de un fracaso apabullante, sordo e inmediato.
Ahora no quedaba otro recurso sino seguir. Seguir andando. Remar en otras aguas y atracar en otros apeaderos. Para motivarse de una forma definitiva solo le restó quemar las barcas del ayer.
La sombra de su árbol, ahora ajena, pareció despedirlo con una brisa tierna, perfecta y oportuna.
Cerrada la puerta y entregada la llave. Un suspiro y la libertad por delante.
Última edición: