Te veo, te oigo, te leo, te escribo, y llego a la conclusión de que eres mero preso del suceso en el verbo, consecutor martillear de una maquina d escribir, teclear de ángeles en un mástil. Nace y en el viento se deshace, sin apenas darse cuenta sentirlo en el mecer tambalearse... poseído, tal vez el mero delirio de un desahogo es efímero, unos segundos en blanco, la música se apoderó con descaro, de este corazón desengañado. V.R. * A la inspiración.
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