Jorge Alexander Caicedo
Poeta recién llegado
Cae el sol en mi espalda
con su inmenso peso
repica el teléfono
su lamento,
abro mi mano
y el tiempo se escapa
en espirales de rostros olvidados.
Sangran amaneceres en mis ojos
como el roció buscando nido en su noche;
La garganta seca como un camino olvidado
Y los labios encendidos del fuego del silencio.
Se cierra el horizonte en el parpado
se repiten los pasos en un continuo Déjà vu;
y siento la noche nacer en mi pecho inmóvil
como un laberinto de sangre y lagrima
que se descompone amargo como hiel.
Respiro la serenidad de la lluvia
que me cubre en su lamento húmedo
estos ropajes apestan a hipocresía
y estos huesos anhelan desnudarse
en estos bosques como un aullido.
con su inmenso peso
repica el teléfono
su lamento,
abro mi mano
y el tiempo se escapa
en espirales de rostros olvidados.
Sangran amaneceres en mis ojos
como el roció buscando nido en su noche;
La garganta seca como un camino olvidado
Y los labios encendidos del fuego del silencio.
Se cierra el horizonte en el parpado
se repiten los pasos en un continuo Déjà vu;
y siento la noche nacer en mi pecho inmóvil
como un laberinto de sangre y lagrima
que se descompone amargo como hiel.
Respiro la serenidad de la lluvia
que me cubre en su lamento húmedo
estos ropajes apestan a hipocresía
y estos huesos anhelan desnudarse
en estos bosques como un aullido.