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Cielo dice

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
Ella me guarda el amuleto rutilante;
el no encontrarlo es mi buena suerte.
En la más alta de sus torres
los vitrales están rotos. Esto que lees
son mis palomas y también su risa.
Su risa que es el oficio de mis huesos
por el gusto de trajinar entre acordeones.
El vuelo es otro si me pego a su voz
y a la casualidad de su estatura.
Detrás de sus labios habita el pegamento
para esos ratos de pozo y ojos arriba.
Tengo ganas de llamarla cielo, pero no,
porque siempre tengo ganas
de llamarla siempre.
Ella es una puerta y yo tengo la consigna.
Solo puedo entrar desnudo
porque en su interior es pura raíz de manos,
una tibieza agazapada, un primordio
de lo que será un color urgente
de agualuz, de sincronía.
Ella cree en el destino.
Yo confío en el cálculo.
El sol se tragará el vestigio de los eones.
Y la tristeza será de átomos dispersos.
El amor, humo.
Ella dice: hoy no. El sol ni siquiera tiene espejo.
Y yo te vi cuando (¡y cómo!) me estabas viendo.

24 de agosto de 2025
 
Me encantó!

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Ella me guarda el amuleto rutilante;
el no encontrarlo es mi buena suerte.
En la más alta de sus torres
los vitrales están rotos. Esto que lees
son mis palomas y también su risa.
Su risa que es el oficio de mis huesos
por el gusto de trajinar entre acordeones.
El vuelo es otro si me pego a su voz
y a la casualidad de su estatura.
Detrás de sus labios habita el pegamento
para esos ratos de pozo y ojos arriba.
Tengo ganas de llamarla cielo, pero no,
porque siempre tengo ganas
de llamarla siempre.
Ella es una puerta y yo tengo la consigna.
Solo puedo entrar desnudo
porque en su interior es pura raíz de manos,
una tibieza agazapada, un primordio
de lo que será un color urgente
de agualuz, de sincronía.
Ella cree en el destino.
Yo confío en el cálculo.
El sol se tragará el vestigio de los eones.
Y la tristeza será de átomos dispersos.
El amor, humo.
Ella dice: hoy no. El sol ni siquiera tiene espejo.
Y yo te vi cuando (¡y cómo!) me estabas viendo.

24 de agosto de 2025
Entre el cálculo y el destino andamos, estimado poeta, buscando la sincronía- esa perla- entre los bohíos del cotidiano.
Excelentes versos.
Siempre un gusto pasar.
 
Ella me guarda el amuleto rutilante;
el no encontrarlo es mi buena suerte.
En la más alta de sus torres
los vitrales están rotos. Esto que lees
son mis palomas y también su risa.
Su risa que es el oficio de mis huesos
por el gusto de trajinar entre acordeones.
El vuelo es otro si me pego a su voz
y a la casualidad de su estatura.
Detrás de sus labios habita el pegamento
para esos ratos de pozo y ojos arriba.
Tengo ganas de llamarla cielo, pero no,
porque siempre tengo ganas
de llamarla siempre.
Ella es una puerta y yo tengo la consigna.
Solo puedo entrar desnudo
porque en su interior es pura raíz de manos,
una tibieza agazapada, un primordio
de lo que será un color urgente
de agualuz, de sincronía.
Ella cree en el destino.
Yo confío en el cálculo.
El sol se tragará el vestigio de los eones.
Y la tristeza será de átomos dispersos.
El amor, humo.
Ella dice: hoy no. El sol ni siquiera tiene espejo.
Y yo te vi cuando (¡y cómo!) me estabas viendo.

24 de agosto de 2025
Maravilla , la consigna y el sol sin espejos. Un placer leerte.
 
Entre el cálculo y el destino andamos, estimado poeta, buscando la sincronía- esa perla- entre los bohíos del cotidiano.
Excelentes versos.
Siempre un gusto pasar.
Muchas gracias por hacerte presente, amigo Nicolás. Siempre en búsqueda para no morir de hastío.
Te dejo un cordial abrazo.

En realidad, ya quiero dedicar mi insomnio a cosas más productivas, pero la malévola Melucifer ha secuestrado a mi pequeña gata Mojita y si no publico algo cada semana me amenaza con arrojarla a su negro caldero. Yo que tú, carnalito, me cargo cuanto amuleto protector encuentre y me aprendo todo lo que funcione como un vade retro. Fraternidad ante todo.
 
Última edición:
Tengo sugerencias para el nombre de ella... :oops::p Seguramente te van a encantar, yo sé que sí. ;)

Es peligroso el nivel de pinchelirismo baboso que manejás, cuídate, por favor.

Abrazo y chanclazo.
Nada de llamarla con epítetos que involucren artilugios dentales, champú para piojos o trastornos alimentarios, etc., te conozco, conchuda.
Simplemente llámala por lo que es: La Diosa de las Diosas. :cool:
Eres terrible con este humilde poeto, amiga Rominovski.
Va un abrazo.
 
Ella me guarda el amuleto rutilante;
el no encontrarlo es mi buena suerte.
En la más alta de sus torres
los vitrales están rotos. Esto que lees
son mis palomas y también su risa.
Su risa que es el oficio de mis huesos
por el gusto de trajinar entre acordeones.
El vuelo es otro si me pego a su voz
y a la casualidad de su estatura.
Detrás de sus labios habita el pegamento
para esos ratos de pozo y ojos arriba.
Tengo ganas de llamarla cielo, pero no,
porque siempre tengo ganas
de llamarla siempre.
Ella es una puerta y yo tengo la consigna.
Solo puedo entrar desnudo
porque en su interior es pura raíz de manos,
una tibieza agazapada, un primordio
de lo que será un color urgente
de agualuz, de sincronía.
Ella cree en el destino.
Yo confío en el cálculo.
El sol se tragará el vestigio de los eones.
Y la tristeza será de átomos dispersos.
El amor, humo.
Ella dice: hoy no. El sol ni siquiera tiene espejo.
Y yo te vi cuando (¡y cómo!) me estabas viendo.

24 de agosto de 2025

Bellísimo, Pedro… ¡Abrazo fuerte, poeta!
 
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