Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Ella me guarda el amuleto rutilante;
el no encontrarlo es mi buena suerte.
En la más alta de sus torres
los vitrales están rotos. Esto que lees
son mis palomas y también su risa.
Su risa que es el oficio de mis huesos
por el gusto de trajinar entre acordeones.
El vuelo es otro si me pego a su voz
y a la casualidad de su estatura.
Detrás de sus labios habita el pegamento
para esos ratos de pozo y ojos arriba.
Tengo ganas de llamarla cielo, pero no,
porque siempre tengo ganas
de llamarla siempre.
Ella es una puerta y yo tengo la consigna.
Solo puedo entrar desnudo
porque en su interior es pura raíz de manos,
una tibieza agazapada, un primordio
de lo que será un color urgente
de agualuz, de sincronía.
Ella cree en el destino.
Yo confío en el cálculo.
El sol se tragará el vestigio de los eones.
Y la tristeza será de átomos dispersos.
El amor, humo.
Ella dice: hoy no. El sol ni siquiera tiene espejo.
Y yo te vi cuando (¡y cómo!) me estabas viendo.
el no encontrarlo es mi buena suerte.
En la más alta de sus torres
los vitrales están rotos. Esto que lees
son mis palomas y también su risa.
Su risa que es el oficio de mis huesos
por el gusto de trajinar entre acordeones.
El vuelo es otro si me pego a su voz
y a la casualidad de su estatura.
Detrás de sus labios habita el pegamento
para esos ratos de pozo y ojos arriba.
Tengo ganas de llamarla cielo, pero no,
porque siempre tengo ganas
de llamarla siempre.
Ella es una puerta y yo tengo la consigna.
Solo puedo entrar desnudo
porque en su interior es pura raíz de manos,
una tibieza agazapada, un primordio
de lo que será un color urgente
de agualuz, de sincronía.
Ella cree en el destino.
Yo confío en el cálculo.
El sol se tragará el vestigio de los eones.
Y la tristeza será de átomos dispersos.
El amor, humo.
Ella dice: hoy no. El sol ni siquiera tiene espejo.
Y yo te vi cuando (¡y cómo!) me estabas viendo.
24 de agosto de 2025
