Es menester abrir el oído, para disfrutar de la música.
Y que no sea el intérprete de una partitura, un autómata o robot.
Ha de poner intención, en cada compás y en cada frase.
Sintiendo lo mismo que el autor de ese texto sonoro, que lo compuso.
Del mismo modo, es preciso abrir los ojos, para conocer el lenguaje no verbal.
De los gestos, los ademanes y las miradas.
Es una forma de expresarnos, muy primitiva.
Pero lleva con nosotros, millones de años.
En cambio, el lenguaje oral o escrito, apareció hace apenas 10.000 años.
Luego por tanto, abrimos el oído, y abrimos los ojos.
También podemos abrir el corazón, para hablar con Dios, porque el cielo responde.
Pero uno abre el corazón, y sitúa en su decodificador o cerebro, esa huella de Eón, que es el Absoluto.
Hay comunicación telepática, y necesitamos evocar el Amor-Bondad y el Amor-Sencillez.