Julián Gaibor
Poeta recién llegado
Sin ser el cincel
hizo arte con sus manos,
sin ver el ayer
ni la pena del
consentimiento ajeno
el vaso medio lleno
estallo de su lado.
Mas allá de lo obvio ignoro por completo
el carácter humano,
con la pluma y una lata en su mano
se dio cuenta que la secta de ratas
lo tenían dominado.
Al son del baladí y
un rencor descontrolado,
en la noche oscura y gris
dudo tener a la suerte de su lado
sin ver la cicatriz y el sufrimiento etéreo
que el mérito ha dejado.
El arte es inefable en un mundo inestable
donde el errante es implacable
con el cincel en sus manos, va de nuevo
sin temor a equivocarse...
hizo arte con sus manos,
sin ver el ayer
ni la pena del
consentimiento ajeno
el vaso medio lleno
estallo de su lado.
Mas allá de lo obvio ignoro por completo
el carácter humano,
con la pluma y una lata en su mano
se dio cuenta que la secta de ratas
lo tenían dominado.
Al son del baladí y
un rencor descontrolado,
en la noche oscura y gris
dudo tener a la suerte de su lado
sin ver la cicatriz y el sufrimiento etéreo
que el mérito ha dejado.
El arte es inefable en un mundo inestable
donde el errante es implacable
con el cincel en sus manos, va de nuevo
sin temor a equivocarse...
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