Víctor Mileo
Poeta adicto al portal
Después de
descorrer el velo
la belleza era como un aluminio
que envuelve la carne del bocata.
Salgo de ese avispero que en la nuca
de tu abril culminó una colmena
sin reinas.
sólo las celdas eran como dianas
de entrenamiento.
Que el estío sonorizaba
con el zumbido provocado.
Por la pedrada que partió en dos
el avispero y que en la entrada
a la residencia de ancianos en la que estaba
clavada
otra colmena. Ya anciana llena de helados de tarrina blanca
nos calmaba el caluroso y zafarrancho esparcir hacia todas partes
de la travesura.
Descubrí en mi labio muriendo e hiriendo mi valentía. Una avispa.
Que se durmió con la espalda del verano picoteado con la única
resistencia que tenía
la amenaza de las avispas mantenía
las visitas a la residencia a raya
aislada con un último
picotazo por sufrir
los ancianos esperaban que la muerte
también muriese al perder su aguijón mientras comprábamos.
Cincuenta pesetas cada tarrina.
Reservados todos los derechos©
descorrer el velo
la belleza era como un aluminio
que envuelve la carne del bocata.
Salgo de ese avispero que en la nuca
de tu abril culminó una colmena
sin reinas.
sólo las celdas eran como dianas
de entrenamiento.
Que el estío sonorizaba
con el zumbido provocado.
Por la pedrada que partió en dos
el avispero y que en la entrada
a la residencia de ancianos en la que estaba
clavada
otra colmena. Ya anciana llena de helados de tarrina blanca
nos calmaba el caluroso y zafarrancho esparcir hacia todas partes
de la travesura.
Descubrí en mi labio muriendo e hiriendo mi valentía. Una avispa.
Que se durmió con la espalda del verano picoteado con la única
resistencia que tenía
la amenaza de las avispas mantenía
las visitas a la residencia a raya
aislada con un último
picotazo por sufrir
los ancianos esperaban que la muerte
también muriese al perder su aguijón mientras comprábamos.
Cincuenta pesetas cada tarrina.
Reservados todos los derechos©
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