Cintio Vitier

lluvia de enero

Simplemente mujer
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Cintio Vitier
( 1921- 2009) Poeta, escritor, ensayista y pensador cubano. Nació en Cayo Hueso, La Florida, el 25 de septiembre de 1921. En 1938 publicó su primer libro, Poemas, con una presentación de Juan Ramón Jiménez. Perteneció al grupo de poetas que hizo la revista Orígenes (1944-1956). Trabajó como profesor en la Escuela Normal para Maestros de La Habana y en la Universidad Central de las Villas. De 1962 a 1977 fue investigador literario en la Biblioteca Nacional José Martí. Dirigió la edición crítica de las Obras completas de Martí en el Centro de Estudios Martianos hasta 1987 y la edición crítica de Paradiso, de José Lezama Lima (Madrid, Colección Archivos, 1988). Traducido a varios idiomas. Recibió el Premio Nacional de Literatura en 1988, la Orden José Martí, la más alta distinción que otorga el Estado cubano, y el Premio de Literatura Iberoamericana y del Caribe "Juan Rulfo" correspondiente al año 2002, entre otros.
Cintio Vitier fue una de las grandes voces de la poesía latinoamericana contemporánea. Junto con José Lezama Lima, su fundador, Eliseo Diego, Octavio Smith, Julián Orbón, Cleva Solís y Fina García Marruz, con quien se casó casó en 1947, formó el Grupo Orígenes, uno de los colectivos poéticos y culturales más sólidos que ha dado la cultura cubana.
Entre sus obras figuran los libros de poemas: Testimonios (1968), que recopila su obra de 1953 a 1968; La fecha al pie (1981), con su producción de 1969 a 1975; Antología poética (1981); Hojas perdidizas (1988) y Poemas de mayo a junio (1990).
De su amplia labor como investigador y crítico literario, destacan Cincuenta años de poesía cubana (1952), Lo cubano en la poesía (1958), Poética (1961), Temas martianos (1969), escrito en colaboración con su esposa, la poetisa Fina García Marruz, y Crítica sucesiva (1971).



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AHORA QUE EMPIEZA A CAER; DEL CIELO...
A mi esposa

Ahora que empieza a caer, del cielo
de nuestra vida, que sólo nosotros podemos ver,
profundo, estrellado, carne y alma nuestra,
ese polvillo sagaz en tu nocturno pelo,
ahora que el lápiz finísimo, grabando
una medida sagrada, una cantidad misteriosa
del vino que sube en la jarra de la ofrenda,
empieza a trazar, junto a tus ojos, vivos
como ciervos bebiendo en el agua extasiada,
junto a tus labios que han dicho todas las palabras que adoro,
las huellas del tránsito de nuestra juventud,
ahora, lleno de un fuego y de un peso de amor que desconocía
porque estábamos engendrándolo secretamente en nuestro corazón
y es algo mucho más terrible y precioso que el amor
que diariamente conocíamos,
ahora, mujer, ahora, destinada mía,
es cuando quiero hacerte un canto de amor, un homenaje,
que dice únicamente así:

Te amo, lo mismo
en el día de hoy que en la eternidad,
en el cuerpo que en el alma,
y en el alma del cuerpo
y en el cuerpo del alma,
lo mismo en el dolor
que en la bienaventuranza,
para siempre.


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EL DESPOSEÍDO


No son mías las palabras ni las cosas.
Ellas tienen sus fiestas, sus asuntos
que a mí no me conciernen,
espero sus señales como el fuego
que está en mis ojos con oscura indiferencia.

No son míos el tiempo ni el espacio
(ni mucho menos la materia).

Ellos entran y salen como pájaros
por las ventanas sin puertas de mi casa.

Alguien habla detrás de esta pared.

Si cruzara, sería en la otra estancia:
el que habla soy yo, pero no entiendo.

Tal vez mi vida es una hipótesis
que alguno se cansó de imaginar,
un cuento interrumpido para siempre.

Estoy solo escuchando esos fantasmas
que en el crepúsculo vienen a mirarme
con ansia de que yo los incorpore:
¿querría usted negar, sufrir, envanecerse?
No es mía, les respondo, la mirada,
negar sería espléndido, sufrir, interminable,
esas hazañas no me pertenecen.

Pero de pronto no puedo disuadirlos,
porque no oigo ya mi soledad
y estoy lleno, saciado, como el aire,
de mi propio vacío resonante.

Y continúo diciéndome lo mismo, que no tengo
ninguna idea de quién soy,
dónde vivo, ni cuándo, ni por qué.

Alguien habla sin fin en la otra estancia.
Nada me sirve entonces. No estoy solo.
Estas palabras quedan afuera, incomprensibles,
como los guijarros de la playa.


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