Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Nunca esperaron que yo diera el primer beso,
siempre corrían a besarme a mí,
con un hilo de saliva en el dedo
y un encaje ligero para hacerme sufrir.
Nunca permitieron que desabotonara mi camisa,
siempre sus uñas pintadas lo hicieron por mí,
con un beso en la boca y una larga sonrisa
besaron mi pecho dejando carmín.
No hice nunca denuncia de acoso
cuando desnudas se recostaban besándome entero,
ni siquiera el peluche de oso
criticó por ver algo perverso.
Las tardes grises de lluvia y tormenta
ardían en medio sillón sin ropa puesta,
cada desayuno era un ciclón de olivos y menta
y una ducha helada, una cascada fresca.
Mis amantes y yo nunca dormimos separados,
nunca sobraba un centímetro en la cama
y ninguna tuvo asuntos pendientes guardados,
ni se quejó cuando fue mujer siendo dama.
Las noches grises de nubes y eclipses
tuvieron horas de orgías sin descanso o pudor,
cada cena era una piel servida en poses
que nunca antes tuvieron invención.
siempre corrían a besarme a mí,
con un hilo de saliva en el dedo
y un encaje ligero para hacerme sufrir.
Nunca permitieron que desabotonara mi camisa,
siempre sus uñas pintadas lo hicieron por mí,
con un beso en la boca y una larga sonrisa
besaron mi pecho dejando carmín.
No hice nunca denuncia de acoso
cuando desnudas se recostaban besándome entero,
ni siquiera el peluche de oso
criticó por ver algo perverso.
Las tardes grises de lluvia y tormenta
ardían en medio sillón sin ropa puesta,
cada desayuno era un ciclón de olivos y menta
y una ducha helada, una cascada fresca.
Mis amantes y yo nunca dormimos separados,
nunca sobraba un centímetro en la cama
y ninguna tuvo asuntos pendientes guardados,
ni se quejó cuando fue mujer siendo dama.
Las noches grises de nubes y eclipses
tuvieron horas de orgías sin descanso o pudor,
cada cena era una piel servida en poses
que nunca antes tuvieron invención.